Florencio Compte Andrade

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Florencio Compte Andrade

Lo recuerdo como un infaltable referente en la cultura guayaquileña. Desde mi adolescencia afincada en los alrededores del teatro Parisiana de la calle Chanduy (hoy García Avilés), distinguí la presencia de un señor de mediana edad atendiendo su negocio de libros al lado de la Botica Española, ubicada en esa misma calle casi al llegar a 9 de Octubre.

Con mis pequeños ahorros compré varias novelas de aventuras y piratas, y en la mayoría de mis visitas, que eran por simple curiosidad, aproveché para escuchar a una persona que conocía a fondo los libros que vendía, estaba enterada de los acontecimientos sociales y políticos de la época, y sabía de entretelones y misterios en los que habían estado y estaban inmersos varios personajes de la ciudad y el país.

Pasaron los años y nuestra diferencia de edad se acortó. Desapareció La Española del centro de la ciudad y yo seguí a la Librería Compte por todos los lugares en que se instalaba, hasta que en el local de los bajos del Mall del Sol no solo encontré las múltiples novedades exhibidas en sus vitrinas y percheros sino la receptividad invariable de una persona que me brindó su amistad. De ella he disfrutado los últimos años. Por ella he conocido pasajes que me han servido de significativo influjo para interpretar acontecimientos, y a través de ella he aprendido a valorar el ejemplo de la honradez, la rectitud y la convicción.

El “Señor Compte”, como yo lo llamaba, fue además para mí una valiosa fuente de información. Por él conocí la dura travesía de los catalanes que llegaron en busca de “Hacer la América”, las rupturas entre los peninsulares arribados cuando ocurrió la Guerra Civil Española, en la que tomaron partido los admiradores del golpista Franco y los defensores de la República; él me despejó las dudas que tuve en torno a la presencia del Che Guevara antes de que fuera famoso, y las ficciones de varios que dijeron ser sus amigos y confidentes.

Fue frontal en sus juicios e inquebrantable en sus posiciones políticas.

Nos deja un enorme vacío.