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Ernesto Albán Ricaurte | La muerte del multilateralismo

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La integración económica ya no es solo intercambio comercial, también es mecanismo de presión

La ONU nació del cansancio de la guerra: si el mundo seguía sin reglas mínimas, la paz sería apenas un intervalo. La Carta de la ONU se firmó en San Francisco el 26 de junio de 1945 y entró en vigor el 24 de octubre, con una idea simple: volver políticamente costoso el uso de la fuerza y ofrecer foros para contener conflictos. Ocho décadas después, el problema no es la falta de instituciones, sino la pérdida de capacidad para ordenar conductas. La prueba no está solo en las guerras: está en la rutina de medidas unilaterales, represalias comerciales, y ‘excepciones’ convertidas en norma.

En Davos, en el Foro Económico Mundial, el 20 de enero de 2026, Mark Carney lo dijo sin eufemismos: “estamos en una ruptura, no en una transición”. La integración económica dejó de ser una forma de prosperidad compartida y pasó a funcionar como un mecanismo de presión: aranceles, finanzas y cadenas de suministro, como armas.

Para los países medianos y pequeños, la pregunta no es con quién negocias, sino cuánto te afecta. Cuando el choque entre potencias se traslada al comercio, la tecnología y al financiamiento, la política exterior se parece más a un sistema de gestión de riesgos: diversificar mercados, asegurar insumos críticos y fortalecer mecanismos regionales.

Las reglas ya no ordenan: únicamente se invocan cuando conviene. Antes, las potencias discutían dentro de un sistema normativo, y al violar las normas, al menos, fingían que les importaba. Hoy, primero se actúa y después se redacta la justificación. El mundo no se quedó sin instituciones, se quedó sin la capacidad de hacerlas valer.

Ese giro ya tiene versión andina. Ecuador anunció el cobro de una “tasa de seguridad” del 30 % a importaciones desde Colombia a partir del 1 de febrero de 2026; Colombia respondió con gravámenes equivalentes y suspendió la exportación de electricidad hacia Ecuador. La disputa escaló al cobro por transporte de crudo por el OCP. Cuando los problemas de ‘seguridad’ entraron en escena, el mecanismo de solución no fue el institucional, se produjo un conflicto comercial. Ahí se ve claramente lo que Carney describió en Davos: la integración económica ya no es solo intercambio comercial, también es mecanismo de presión.