Carlos Andrés Vera | Se liberará
El sistema de represión es lo único que funciona en Cuba. Anula a las personas, su deseo de luchar. Aplana el alma
En el año 2000, siendo un completo ignorante en temas políticos, viajé a Cuba a estudiar cine. Me consideraba de izquierda y sentía admiración por Fidel Castro y el Che Guevara. Casi tres años después, por lo que vi y viví -pero sobre todo por lo que escuché de los cubanos-, salí despreciando el modelo. A Cuba le debo haber tenido amistades que marcaron para siempre mi vida.
En la escuela de cine tuve compañeros de muchos países y de muchas posturas. Con el tiempo, y a juzgar por lo que hoy publican en redes sociales, la mayoría mantuvo su adhesión al socialismo. Dogma. No encuentro otra explicación. La razón no pide fuerza: ninguno de esos excompañeros ‘socialistas’ es cubano. Mis compañeros cubanos, sin excepción, son críticos del sistema que los ha oprimido por generaciones. Críticos no de una épica abstracta llamada revolución, sino de una dictadura concreta que está ahí desde 1959. Ese régimen es más antiguo que muchas de nuestras instituciones republicanas. Y ahí sigue, proclamando un futuro que nunca llegará, secando la vida de las personas.
Recuerdo haber reflexionado mucho sobre la parsimonia de los cubanos, sentados en la acera de su casa, mirando su vida pasar. Una quietud espesa, anestesiada. En contraste, los millones que se fueron, incluso lanzándose al mar. El sistema de represión es lo único que funciona en Cuba. Anula a las personas, su deseo de luchar. Aplana el alma. Y, paradójicamente, la coopta hasta el punto en que muchos prefieren el mal conocido, la pesadilla constante, antes que la incertidumbre del cambio.
Cuando me fui de la isla, en 2003, me prometí hablar siempre de lo que vi, en honor a mis compañeros cubanos, que nunca tuvieron las facilidades que yo para expresarse. Con los años seguí escuchando a Cuba a través de sus artistas: desde Carlos Varela y su Guillermo Tell, cansado de la manzana en la cabeza, hasta la ruptura explícita con ese lema cruel de “Patria o muerte”: la canción Patria y vida, el himno contemporáneo del cambio inevitable.
No sé hasta cuándo -nadie sabe-, pero a la dictadura no le queda mucho más. Hoy, cuando parecen agotarse los subsidios externos y los regalos que sostuvieron artificialmente al régimen, ya no existe estructura moral ni ánimo revolucionario que dé batalla. Los naipes caerán, tras haber destruido millones de vidas. No existen dictaduras perpetuas. Cuba también se liberará.