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Abelardo García Calderón | Caminos por andar

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Llegar a consensos para retomar la búsqueda de la excelencia a través del crecimiento inteligente del individuo

Obviamente, no somos quien para decirle a un equipo ministerial entrante lo que puede o debe hacer; sin embargo, resulta claro para quienes hacemos educación a dónde apuntalar, qué renovar e innovar para generar una educación capaz de construir y modelar al ser humano que el siglo XXI va a reclamar y demanda.

Más allá de las exigencias que el momento presenta al equipo entrante por la fusión con los otros tres ministerios, lo que demanda un organigrama estructural nuevo, como un actualizado orgánico funcional, tendrán que decidir sobre la hipernormativa existente, la clarificación de esta y el trabajo operativo que marque la línea de desconcentración desde el centro hasta los distritos.

De cara a lo educativo, podría caminarse dándole vida a la educación inicial, que hoy es la base fundamental del desarrollo de la inteligencia.

Desjudicializar los procesos disciplinarios, restaurando la autoridad del profesor y el plantel, se vuelve también elemental para generar fortaleza al sistema.

El cambio del bachillerato unificado por uno nuevo que apunte hacia la vida futura del estudiante es imprescindible, así como retomar los colegios técnicos especializados y agrícolas, que respondan a una empleomanía necesaria y autosuficiente para el graduado. Bachilleratos enfocados hacia las artes y las nuevas tendencias tecnológicas son urgentes.

No estaría mal llegar a consensos para retomar la búsqueda de la excelencia a través del crecimiento inteligente del individuo y deshacernos así del ancla al mundo de la mediocridad, en el que nadie se destaca y todos son idénticos, que nada bueno le ha aportado a la sociedad ecuatoriana.

Exigencia, calidad, rapidez de pensamiento, lógica en el proceder, capacidad de adaptación y ética son claros reclamos para el hombre que avanza a la segunda mitad de este siglo.

El vértigo de la ciencia y la tecnología, la capacidad discriminatoria de lo cierto ante lo falso, la urgencia que precipita las decisiones a tomar y el apremio por la verdad real y cierta, lo reclamarán.

Mucho por hacer y falta tiempo.