Una flor diminuta y muy cara

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Una flor diminuta y muy cara

Hasta el domingo estará abierta la muestra de orquídeas más importante del planeta. Trece países exponen especies de cinco continentes.

Exhibición. La dendrobium parvulum es el centro de todas la miradas en la Convención Mundial de Orquídeas.

En algún lado de los 4.200 metros cuadrados del Centro de Convenciones de Guayaquil, donde en estos días se desarrolla la vigésimo segunda Conferencia Mundial de Orquídeas (WOC, por sus siglas en inglés), se encuentra la phalaenopsis lueddemanniana, una diminuta flor que proviene de Taiwán y que los coleccionistas de cualquier parte del planeta son capaces de pagar hasta 2.000 dólares.

Sin embargo, no es esa la más cara ni la más rara en una exposición que acoge a 50.000 plantas provenientes de 13 países de los cinco continentes.

Justo en el centro de este complejo y encerrada en una cripta de cristal; exhibida como una verdadera joya a la que solo se puede mirar, se encuentra la dendrobium parvulum ‘Violet Blue’.

En estos días aparece rodeada de los pergaminos que ha logrado: listones azules y medalla metálica. Tan rara que no puede ser observada -en ese tamaño- en ningún otro lado del Centro de Convenciones, ni siquiera en otra exhibición o trasplantada en algún vivero de este país, ni de Sudamérica.

“Es una verdadera rareza”, dice Carlos Fighetti, el ingeniero nuclear estadounidense que lideró al grupo de 150 jueces, que recorrió entre el lunes y el martes cada una de las 30 exposiciones. “¿Cuánto cuesta esa planta? Miles de dólares... No puedo precisarlo, pero con solo decirle que es en Japón, de donde es originaria, es posible encontrarla como una plantita minúscula con un par de flores. La que está aquí tiene muchas y está muy bien cuidada”.

Precisamente por eso es que esa planta de unos cuantos centímetros ganó el título de Gran Campeón.

“Es un gran logro para nuestra empresa”, dijo por su parte Iván Portilla, de Ecuagenera, dueña de la planta ganadora y que en la WOC22 se llevó cuatro de los seis premios que entrega en el tema de la exposición de orquídeas esta conferencia mundial.

Esta empresa ecuatoriana, según su página web, tiene una reserva de 300 hectáreas de bosque primario, en las que han reintroducido varias especies nativas.

“En nuestros viveros tenemos 8.000 variedades. Cuando en el país existen 4.200. En esa colección hay 3.200 nacionales. Es decir, estamos cerca de poseer el total de las variedades que se dan en el país”, agrega Portilla, uno de los accionistas de esta empresa familiar que exporta cerca de 14.000 kilos de plantas de orquídeas por año.

Portilla tampoco se atreve a colocarle un precio a la ‘Violet Blue’. Es más, de manera tajante asegura que no está a la venta. “Tenemos ejemplares que están por los 100 dólares. Pero lógicamente que son más pequeñas. Esta la obtuvimos en una de las tantas convenciones que recorremos al año. La trajimos en un frasco. Su crecimiento tuvo un largo proceso hasta llegar al tamaño que tiene actualmente”.

En todo caso, por estos días y hasta que dure la WOC22, los aficionados, coleccionistas y empresarios dedicados a este tipo de flores pueden acercarse hasta el área de exposición que Ecuagenera ha contratado en la convención para disfrutar de la minúscula belleza de esta orquídea, originaria de Japón. “Solo podemos verla. Quién no quisiera poder comprarla”, dice Alfredo Manrique Sipán, un productor peruano de más de 40 años en el negocio.

Las recogía de la tala de árboles

No se considera coleccionista. Sin embargo, Jorge Merino Castillo está a cargo en estos días de 1.000 plantas de 65 especies nativas de orquídeas. “Es producto de una labor de tres generaciones”, dice este ecuatoriano, dueño de la hostería Oro y Luna Lodge, en el cantón amazónico de Carlos Julio Arosemena Tola, y quien ha estado presente en la convención mundial por su acercamiento con este tipo de plantas.

“Mi abuelita María Teresa Bustos fue la primera que inició la recolección de los árboles que se talaban. Luego lo hizo mi madre y lo seguimos mi esposa y yo”.

Cada día en algún lado de Napo se construye una carretera que atraviesa bosques y parajes. Las orquídeas son plantas que viven en las ramas y troncos de otros árboles, por lo que cuando estos caen, también son afectadas. “Mi familia cumplió una labor de recuperación. Las replantamos en un jardín de seis hectáreas. Ahora es un espacio único en mi ciudad”.