Fiscal habemus

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Fiscal habemus

Tenemos fiscal. No ha estado exento de comentarios críticos su nombramiento pero, en Ecuador eso no debe llamar la atención. Aún se vive un proceso de transición que permite cierta laxitud en la forma como se hacen y se juzgan los actos públicos. En todo caso, el peso de la buena imagen que el país tiene en cuanto a lo actuado por el Cpccs (T) avala su designación. Más todavía, sus primeras declaraciones y denuncias ratifican la confianza ciudadana de que contribuirá a ejecutar algunas de las operaciones de cirugía mayor que están haciendo falta. Decir que hay autoridades en funciones vinculadas con narcotráfico requiere valor. Como dichos pronunciamientos no están exentos de riesgos, cabe brindar a la señora fiscal todo el respaldo que amerita su reiterada decisión de enfrentar las distintas manifestaciones de corrupción que azotan a la República. La mejor prueba de su decisión será la práctica y en ella deberá contar con la decidida colaboración de múltiples sectores, entre otros, la favorable opinión pública que logre concitar a partir de lo cumplido. Desde estas líneas se le desea éxito en sus delicadas funciones. El país no resistiría su fracaso. Sería el triunfo de la impunidad, que es el mayor estímulo para la corrupción. La frustración generaría un peligroso desencanto.