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De fiestas y politiquerias
Esta semana que viene es la “conmemorativa” en el llamado “mes del guayaquileñismo” (que ciertos ciudadanos hubieran preferido que fuera octubre, en honor a ese momento libertario que significó, además, el inicio de la gesta independentista nacional), ya que el lunes recordamos el nacimiento, en la hoy tan sufrida Venezuela, del Libertador de seis naciones (incluida Panamá, que primero fue parte de Colombia). El martes festejamos la fundación española de La Perla, que coincide con el día del santo patrono de la urbe, Santiago, aunque con la sospecha de ciertos historiadores sobre esta tercera fundación, la del Tuerto Orellana; y también recordamos la gloriosa batalla de Jambelí, haciendo memoria de la derrota que sufrió una poderosa nave de guerra peruana en manos del pequeño cañonero Calderón, que repitió la hazaña de David frente a Goliat.
Metidos en la historia que nos conduce al pretérito, no podemos obviar sin embargo los acontecimientos del presente, aunque nos dejemos llevar por la alegría y el civismo de los desfiles civiles y militares o de los bailes que se programaron para usar el pavimento de la céntrica vía pública como pista. Y de esta manera no nos sorprende, por estar ya curados de espanto, la decisión del CAL de mandar a la punta de un cuerno la petición del juicio político que sesenta legisladores quisieron llevar a cabo contra el “vice” Glas, ya que los asambleístas de AP (los de “la aplanadora”) lo habían anunciado reiteradamente antes del martes 18, por falta de pruebas fehacientes, según ellos. De todas maneras estamos todavía no en zozobra, pero sí en el suspenso. Y lo estamos a la manera de las películas de Hitchcock, por cuanto los asambleístas opositores han decidido, según sus paladinas declaraciones, “no dejarse matar el gallo en la mano”, como suelen decir los caribeños. Y prometen llegar hasta las últimas consecuencias, sin necesidad de resentir al segundo mandatario, ya que este mismo ha declarado reiteradamente que asistirá a todo lugar en donde quieran que rinda declaraciones y presente pruebas de su inocencia, aunque Lenín le haya dicho que se olvide de esos ajetreos defensivos y que mejor se ponga a trabajar en sus funciones específicas.