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Fieles se congregaron por la misericordia

Llevaba unos sesenta artículos entre rosarios y escapularios de madera y de plástico. Iba a paso acelerado, adelantándose a la caravana que había salido desde Chongón. Julio Suárez, católico desde niño y vendedor de artículos religiosos hace doce años, acudió ayer a la procesión que se realizó en honor a la Divina Misericordia con la fe puesta en que vendería sus productos. Por ello acompañaba la penitencia emprendida desde las 09:30.
La caminata que congregó a más de cinco mil fieles estuvo encabezada por voluntarios que cargaban una base con una gran imagen de Jesús Misericordioso adornada con flores. Los acompañantes rezaban oraciones y entonaban cánticos de alabanza. De tanto en tanto se pedían aplausos para Cristo, para Dios.
Héctor Lasluisa de 58 años también aprovechó la congregación para expender artículos. Ofrecía velas de colores y estampas. Lo hace desde hace 35 años, y para ello acude a todas las procesiones que se realizan en Guayaquil, como la del Cristo del Consuelo, contó.
Lejos de venderlas, Julia Gonzabay, de 63 años, entregaba oraciones impresas en papel para “conversar con Jesús durante 30 días”. La mujer apresuraba el paso para alcanzar a los penitentes en procesión y así poder entregar las oraciones. Venía de la 29 y Capitán Nájera y hacía la caminata para agradecer por la salud de su hija y pedir por la suya propia, dolores de la columna vertebral la aquejaban.
La congregación caminaba en dirección contraria a la carretera (Progreso - Guayaquil), marcando la ruta hacia el santuario de la Divina Misericordia, unos cinco kilómetros de recorrido desde el punto de partida. Al término de la caminata, el arzobispo monseñor Luis Cabrera, oficiaría una misa.
En la iglesia, Jesús del Carmen Tenezaca, de 76 años, esperaba la liturgia junto a su esposo Ángel Chamba y su hijo Felipe. Llegó desde Cerecita para agradecer por el trabajo de sus hijos y pedir bendiciones para ellos: Fanny, César y Felipe, por este último también pidió que “Dios le otorgue una buena mujer para casarse”.
Una fila más atrás, Hipatia Hidalgo Vaca, quien había venido desde Manabí con su nuera y la mamá de esta, esperaba la homilía de la Fiesta de la Misericordia, una devoción que se practica el segundo Domingo de Pascua en la que se celebra la Misericordia de Dios y su poder.
La mujer de 66 años llegó a agradecer por la misericordia que tiene Dios hacia ella y la humanidad. “Aunque pecamos siempre, Dios nos ama”. Pidió bendiciones al país y que “ilumine a los gobernantes”.