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La fiebre amarilla asusta
5.000 personas fallecieron a causa del virus en Guayaquil en 1842, según los historiadores.

Tras las muertes provocadas por la fiebre amarilla en Brasil, que hasta el 19 de marzo pasado llegaron a 130, Guayaquil se mantiene en alerta. El virus es transmitido por el mosquito Aedes aegipty, endémico del Ecuador. Por esa razón, aseguran los especialistas, este podría ‘reaparecer’ en cualquier momento en la ciudad.
Según datos proporcionados por la Coordinación Zonal 8 de Salud, en la última década se han reportado dos casos en Ecuador. El de un quiteño que por no estar inmunizado falleció; y el de una habitante de la provincia de Napo que logró afrontar el mal. Ambos agarraron la peste en el Oriente, donde esporádicamente se presentan casos de fiebre amarilla selvática, transmitida de monos a mosquitos y de mosquitos al hombre.
En Guayaquil el panorama ha sido alentador. De hecho, los últimos brotes datan de 1740, 1842 y 1919, cuando la peste atacó sin piedad a familias enteras desprovistas de anticuerpos. El hecho, que aniquiló a miles de ciudadanos y causó incluso más daños que los mismos incendios y ataques peruanos de la época, marcó una era de pavor, preocupación, angustia.
Hoy, a casi 100 años de lo ocurrido, la alarma sin embargo se activa. No solo porque el brote en el país vecino es el peor registrado en los últimos 14 años, lo que incrementa el riesgo de que pueda propagarse en la región con los desplazamientos poblacionales, sino porque con la época invernal y la propagación del insecto, también transmisor de dengue, zika y chikunguña, las probabilidades de que la enfermedad llegue y descargue su fuerza en la ciudad se multiplican.
“En Zamora Chinchipe, específicamente en Zumba, de forma permanente se han presentado casos de fiebre amarilla selvática. La plaga, sin embargo, no se ha proliferado de forma alarmante porque los residentes y visitantes previamente han sido inmunizados”, señala Francisco Huerta, exministro de Gobierno y Salud.
Aún así, dice el epidemiólogo Luis Triviño, especialista en Salud Pública y exdirector de Malaria, la ciudad no está exenta del virus. “Y es que basta que en un descuido alguien se infecte en la selva o fuera del país, y viaje a Guayaquil para que, con la cantidad de vectores que aquí tenemos, se produzca una epidemia”.
Debido a la alta prevalencia de mosquitos transmisores del virus en el territorio, las vacunas (que inmunizan de por vida a quien la recibe), en lo que va del siglo, han sido aplicadas a quienes residen o trabajan en el Oriente ecuatoriano, y viajan o regresan de Brasil, Angola, Colombia, Perú, República Democrática del Congo u otros países en riesgo de un brote.
“Esta nos inmuniza en un 99 %. Y aunque no consta en el Esquema de Vacunación Nacional que ofrece el Ministerio de Salud Pública, si uno la solicita, es suministrada por la misma entidad de forma gratuita”, explica Mario Paredes, máster en Epidemiología y Medicina Tropical.
Para él, todo aquel que no se haya inmunizado, salvo ciertas excepciones (ver recuadro), debería pensar en aplicársela.
“Tenemos una alteración climática bastante fuerte a nivel de Sudamérica, tenemos el tema de la migración. Probablemente el hábitat de los mosquitos también se ha modificado... La posibilidad de adquirir un caso importando, es por lo tanto, grande. Debemos prepararnos para ello”, dice.
En el 2007 el MSP realizó una campaña de vacunación de fiebre amarilla en la provincia del Guayas. Inmunizó a 2’900.000 habitantes de entre 1 y 60 años. Desde el 2010, en cambio, empezó a inmunizar de forma perenne a los niños de entre 1 y 2 años de edad de esta provincia y el resto.
En 1842: Los fallecidos por la peste en la ciudad fueron recogidos en carretas y posteriormente enterrados en fosas comunes.
La ciudad tenía veinte mil habitantes, y la mitad huyó a diversas poblaciones del Litoral para evitar el contagio.
Desde el 2007: El Ministerio de Salud Pública realiza de forma permanente campañas masivas de vacunación. Se inmuniza a personas de entre 1 y 65 años. Los militares, policías y personal que labora de forma permanente en la Amazonía deben obligatoriamente aplicársela.
Campaña: El año pasado, el Gobierno adquirió 1’702.000 vacunas para aplicarlas en todo el país. La vacunación estuvo dirigida a la población de 1 a 59 años de edad, y se la aplicó en las unidades operativas y a través de brigadas de salud.