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Falta de consenso en OEA
La Organización de Estados Americanos ha intentado por dos ocasiones encontrar consenso para tratar el problema de Venezuela e imponer sanciones al régimen de Maduro, que se halla dispuesto a sembrar de cadáveres su país, empleando la Fuerza Pública para dispersar las manifestaciones pacíficas del pueblo. Ochenta días de protesta han soportado la arremetida del oficialismo, dejando ochenta muertos, asesinados por la represión. Venezuela atraviesa una etapa de descalabro de su economía, con la inflación más alta del mundo y desabastecimiento total de alimentos básicos y medicinas; sin embargo, el régimen se mantiene y cada vez se refugia más en la fuerza. La mayoría de los representantes de los Estados de la OEA se han refugiado en los principios políticos de ese organismo, especialmente el de no intervención. Pero sobre los postulados políticos se halla la esencia de la raza humana que se caracteriza por la libertad y que no debiera tolerar la intromisión de regímenes dictatoriales en la conducción del poder público. La represiva dictadura de Pinochet fue obligada por los Estados americanos a convocar elecciones libres y el pueblo chileno resolvió ponerle fin, dejando un antecedente que debería normar la conducta de la OEA. La dictadura de Maduro, aunque cuente con cierto respaldo, se ha deslegitimado por su origen fraudulento, su acción represiva, su incapacidad y su torpeza para sortear y solucionar los problemas económicos, así como para dotar al pueblo venezolano de los más necesarios bienes. La democracia es un sistema proclamado por los Estados americanos y lo que hay en Venezuela no se parece en nada a ese sistema en el que las mayorías del pueblo son las que gobiernan. La oposición venezolana solo pide que se permita al pueblo expresarse en elecciones libres. Si la mayoría de Estados miembros de la OEA tuvieran sano criterio, hace buen tiempo habrían obligado a Maduro y su comparsa a celebrar esas elecciones, que decidirían el futuro sabiendo dónde están y lo que desean las mayorías populares. Mas, comprometidos con la superficie de los principios parecen no querer saberlo o, al menos, no desean tomar una postura que suponen contraria a la forma pero no al fondo auténtico de los principios, sobre todo de aquellos que tienen que ver con la esencia del ser humano.