Las facturas impagables de Maduro

Los países sudamericanos, vecinos y no vecinos de Venezuela están apremiados por el masivo éxodo de ciudadanos de ese país, producto de la crisis humanitaria desencadenada por la incapacidad de gestión, corrupción e intolerancia ideológica de los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Las condescendencias, oportunismos y debilidades de muchos de ellos frente al tiránico régimen venezolano les están pasando la factura.

¿Qué hacer? ¿Cumplir con los derechos humanos y dejar pasar a miles de miles de seres humanos que huyen de su país porque no soportan ese estilo de vida o volverse seguidores de la doctrina del “muro”? ¿Permitir que estos exiliados puedan tener una esperanza de vida o ceñirse a las frías cifras de la falta de empleo, de recursos, de seguridad, con el agravante de que sus países no tienen infraestructura ni experiencia en el manejo de muchedumbres que requieren las condiciones mínimas de salubridad, alimentación y seguridad? ¿Cómo evitar, en fin, que estos refugiados no caigan en manos de la delincuencia o terminen asociados con ella por las terribles condiciones en que vienen?

Durante años los gobiernos de los países sudamericanos, los que no estaban de acuerdo con el socialismo del siglo XXI, se dejaron intimidar por la bravuconería, los desplantes y la clara intromisión en asuntos internos de sus países de parte de la gavilla de nuevos dictadores. Fotos van, fotos vienen, sus dirigentes nunca leyeron o entendieron, porque “era perder el tiempo leyendo filósofos, la advertencia de Platón en República: ¿Y bien amigo mío, cuál es la génesis de la tiranía? Es natural, pues que la tiranía no puede echar a andar de otro gobierno que no sea el de la democracia, esto es, de la extrema libertad nace la esclavitud más plena y más atroz”.

Los gobiernos sudamericanos quieren parar el éxodo venezolano: 2 millones desde 2005. No lo van a poder lograr. Pero no se preocupan del causante del éxodo que sigue, impertérrito, exportando su destrucción y celebrando la incapacidad de lograr acuerdos y la debilidad de las democracias.