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Que exagerabamos... decian
Se anunció el fin de la “escuela de garaje” y se asintió. Se entregaron, gratis y de manera excluyente, textos únicos, uniformes, alimentación y se aplaudió. Se consideró loable el incremento casi al triple del salario del docente público, se vendieron como buenos y justos el gasto y la imposición de medidas para mejorar infraestructura escolar, movilidad interna y seguridad; se dictaron cupos máximos según el tamaño de las aulas -en la práctica solo para los privados-. El controlar severamente el alza de pensiones mereció aplausos y solo pocos caíamos en cuenta de los riesgos que se corrían.
La “escuela de garaje” arrastró a la escuela sencilla de barrio y a la parroquial, que sucumbieron por el encarecimiento de la gestión. Los textos, los uniformes y el alimento fueron imanes que minaron el alumnado de la educación privada popular; el alza de sueldos forzó a la educación particular a incrementar los suyos para conservar profesorado y el no incremento proporcional de las pensiones hizo que los presupuestos sufrieran el no compensar los nuevos egresos con los ingresos requeridos.
Los resultados al momento son los sospechados. Según datos de la página del Ministerio de Educación, de las 9.351 instituciones particulares que existían al 2008, sobrevivían 3.967 al año 2015; y del casi millón y medio de estudiantes particulares hoy solo quedan 858.354.
Elitizarse empuja también a la extinción. Y pensar que nos decían que exagerábamos al advertir sobre el riesgo que corría la educación particular.
Hoy educar desde lo privado se ha vuelto duro, caro y difícil. Sin embargo, más grave que eso es no permitir al ecuatoriano común gozar del derecho constitucional de elegir para sus hijos la educación que desearen y la posibilidad de un formarse en principios religiosos y/o de crecer en modelos pedagógicos diferentes.
Se condenó a las grandes mayorías a la única posibilidad de una escuela plana y uniforme.
Si a eso agregamos el animar al no pago y los puntillazos dejados en las normas, hoy reiteramos que la existencia de la educación particular está en riesgo.
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