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El evidente cambio climatico

Aunque no faltan quienes lo niegan, las evidencias del cambio climático lo sustentan con la irrefutable elocuencia de los hechos.

El clima está alterado en todas partes del globo terráqueo y dichos trastornos son, en su mayoría, de origen antrópico, esto es originados por la acción de los seres humanos. Solo un intolerable grado de cinismo o la también inaceptable inconciencia de otros, pueden constituirse en argumento para negarlo. Y el tema no es una cuestión de más o menos pajaritos, como han planteado en el mundo algunos simplones que debieron tomarse la molestia de medir sus palabras antes de soltar semejantes estropicios. Sin ánimo de dramatizar, que no hace falta pues la tragedia se define por sí misma, el futuro de nuestra nave espacial: el planeta Tierra, está condicionado por lo que hagamos o dejemos de hacer en los próximos años del presente siglo. Bien se ha dicho que probablemente las guerras del futuro, que siempre tuvieron causa de naturaleza política o económica y ahora ocurren por motivos étnico-religiosos, lo serán en razón de disputas por agua.

El agua está por constituirse, en la medida en que el despilfarro y el maltrato de sus fuentes lo transforma en escaso, en un bien preciado que, siendo imprescindible para el desarrollo de la vida civilizada, será causa de graves conflictos. Sin embargo, poco o nada se hace por preservarlo. Por mantenerlo como debiese, dada su condición de líquido vital.

Por el estilo, lo que las culturas ancestrales consideraron sagrado, otorgándole incluso la veneración que se reserva para lo considerado de origen divino, hoy, con irresponsabilidad rampante, es objeto del más intolerable despilfarro.

Cuando en el Ecuador los días oscilan entre las tardes sofocantes y las noches inusitadamente frías y se acercan los meses de lo que llamamos inviernos sin que llegue la lluvia, se debería tener motivos suficientes para aceptar que el clima ha cambiado en magnitudes notables. Más allá de la apreciación, sentida con mayor o menor intensidad, lo importante debería ser la lección que de ello se derive y la adopción de las medidas que el estado actual del conocimiento aconseje.

Garantizarles el futuro a las generaciones que vendrán, debería ser una obligación propia de la condición humana y signo de una mínima responsabilidad social.