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Esquema Ponzi

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De cuando en cuando la sociedad se impacta con la historia de personas que atraídas por rentabilidades enormes, entregaron sus ahorros a ciertos “gestores”, para descubrir que habían perdido sus capitales. Usualmente el mecanismo empieza por una iniciativa económica legítima, donde alguien realizó un buen negocio de ocasión. El ánimo de replicar conduce al gestor a buscar recursos, y naturalmente, la codicia lleva a otros a darle dinero. Como generalmente ocurre con quien desea hacerse rico de la noche a la mañana (el que recibe el dinero y el que lo entrega), los golpes de suerte son escasos, no se replican, y el gestor termina captando más dinero para pagar los altos intereses de quienes antes le entregaron plata. Este sistema donde los que entran en el negocio financian los intereses de quienes antes pusieron dinero se denomina Esquema Ponzi, en alusión a un famoso estafador que en los años 20 utilizó el mecanismo para defraudar a ingenuos y no tan ingenuos, pero sin duda todos ellos codiciosos.

En Ecuador pasa con cierta regularidad: pasó en Machala hace unos años, ha pasado en casi todas las ciudades, y es curioso que pasa con más frecuencia de lo que nos enteramos, porque muchas veces la vergüenza de evidenciarse como perjudicado termina disipando el hecho.

No es posible evitar que alguien busque estafar, pero sí es posible entender ciertas reglas sobre los negocios.

En primer lugar, captar dinero solo es posible para quienes están autorizados por la ley. Segundo, cualquier ofrecimiento de rendimientos mensuales del 5 %, 10 % o 20 %, no puede venir de un negocio estable, formal o lícito. Quizá exista una oportunidad extraordinaria donde alguien “la pegó”, pero la suerte no es sostenible.

No es posible para las autoridades de ningún país controlar a todos los que desean hacerse ricos de un día para otro captando dinero ilegalmente, ni tampoco prevenir a quienes entregan el dinero, pues hay una fuerza que rompe el saco, y esa fuerza se llama codicia. Cuesta aceptar que en esto no hay milagros, y que solo en el diccionario bienestar está primero que trabajo.

Twitter @PaulEPalacios

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