Que puede esperarse de Trump

Decir que las primeras semanas del gobierno del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump causaron polémica, sería poco. La inauguración del mandato fue saludada con grandes protestas (que continúan) en todo el territorio estadounidense y el mundo. En tanto, Trump se declaró en guerra contra la prensa estadounidense opositora y mantuvo agrias conversaciones telefónicas con líderes de países amigos. Pero observadores dentro y fuera de EE. UU. que buscan descifrar la orientación general del nuevo gobierno deberían guiarse por cinco pautas generales: en primer lugar, el inicio de todos los gobiernos estadounidenses siempre es desordenado: vacilan, generan confusión y dicen y hacen cosas de las que luego se retractan, o lamentan. Algunos funcionarios resultan inadecuados para la tarea encomendada y dejan el gobierno en pocos meses. Muchos de los traspiés de principio se deben a un defecto del sistema político estadounidense. Al asumir el cargo, los nuevos presidentes no tienen un equipo completo en funciones y deben esperar a que se confirmen las designaciones de los miembros del gabinete y otros funcionarios (verdaderos responsables de la marcha del Gobierno).

Segundo: la política exterior. Por el sistema de controles y contrapesos incorporado al orden constitucional estadounidense, los presidentes tienen mucho más margen en su relación con otros países que en la dirección de los asuntos internos. La red de alianzas EE. UU. y la buena marcha de la economía internacional por medio del libre comercio son importantísimas funciones que fueron blanco de ataques de Trump durante la campaña. Si su Gobierno las abandona totalmente, el mundo se convertirá en un lugar más pobre y peligroso. Pero en su mayoría, las principales designaciones del nuevo presidente en el área de política exterior inspiran confianza.

Tercero: la oposición más seria a Trump no vendrá de sus opositores más ruidosos, como la prensa. Al mismo tiempo, la oposición formal a Trump (el Partido Demócrata) está debilitada, desmoralizada y dividida. Pero hay varios frentes en los que tal vez encuentre una oposición formidable. No puede gobernar sin los congresistas republicanos, muchos de los cuales frustrarán cualquier intento que haga de abandonar viejas alianzas de EE. UU. Es posible que también enfrente oposición de la dirigencia empresarial. Los líderes empresariales se deben a la buena marcha de sus empresas, y las multinacionales tratarán de obstaculizar cualquier política que la ponga en riesgo, como las guerras comerciales.

Cuarto: la democracia estadounidense sobrevivirá, pues las instituciones de gobierno básicas de EE. UU. resistieron desafíos mayores que cualquiera que pueda plantearles Trump.

Por último, está el tema clave del grado de “normalidad” del Gobierno de Trump. Un Gobierno ajeno a los límites de la normalidad ejecutaría políticas que ni siquiera sus votantes y simpatizantes apoyan, y que pueden causar un perjuicio serio al país y a todo el mundo. ¿Será normal la presidencia de Trump? Como dijo Zhou Enlai, líder comunista chino (siglo XX), por ahora “es demasiado pronto para saberlo”.

Project Syndicate