Ese es politico

  Actualidad

Ese es politico

Decimos que tal o cual decisión es política como un descalificativo. Que a fulano lo persiguen por motivos políticos. Que tal declaración es política o que se politizan los temas judiciales y se judicializan los políticos.

Tiremos abajo el mito de que en otras partes del mundo las autoridades son impolutas, deciden objetivamente, ajenas a toda preferencia social. Romper ese mito es parar el melodrama y aceptar que en todas partes se cuecen habas. Los jueces de la Corte Suprema en EE. UU. hacen esfuerzos para mostrar balance en sus decisiones. Como son los presidentes los que los proponen, no solo se reputa sino que se acepta una filiación política y votaciones consecuentes. Nadie espera que las sentencias renuncien a preferencias y compromisos políticos que los llevaron a esos magistrados a donde están. Nadie cuestiona allá que esa es a la vez una fatalidad y la esencia del proceso democrático. Nadie se rasga las vestiduras: se acepta que toda decisión sobre problemas de la sociedad es en esencia una decisión política.

Otro mito que tumbar sobre “lo político” es que la tecnocracia y los formalismos burocráticos del sector público son ajenos a las ideologías. Pero cuando nos disgustan los tildamos de políticos. Lo técnico suena neutral, pero por muy técnica que sea la elaboración de una ley o una política económica, decir que desconocen las preferencias políticas de sus autores es un sofisma.

Todos tenemos nuestra vela en este entierro: reconocer nuestras preferencias políticas nos hace más transparentes y nos obliga a argumentar mejor frente a quien disiente. Nos hace tomar distancia y juzgar vicios y virtudes propios y ajenos. Nos hace comprender que nuestros vecinos también tienen preferencias, legítimas; nos ayuda a comprender que el gobierno de turno -por técnico que se presente- es político. Nos ayuda a exigir mejores líderes, más francos y consecuentes. Incluso los medios y las empresas declaran en otros lados sus visiones políticas. Todo esto solo puede ayudar a ser realistas en política: menos drama y más acción.