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Un escarabajo se suma a las plagas de invierno
A fines del invierno pasado llegaron las polillas. Se pegaban a las paredes y como impronta, afectaban la pintura. Esta vez es un tipo de escarabajo, de entre uno a dos centímetros de largo. Los guayaquileños lo identifican como ‘maíz’ o ‘maní’, por el

A fines del invierno pasado llegaron las polillas. Se pegaban a las paredes y como impronta, afectaban la pintura. Esta vez es un tipo de escarabajo, de entre uno a dos centímetros de largo. Los guayaquileños lo identifican como ‘maíz’ o ‘maní’, por el tono dorado de su coraza. Aparecen por las noches y pueblan las luminarias de casas y espacios públicos, en especial las de luces blancas.
El biólogo e investigador Ronald Navarrete, asegura que además del malestar que generan con su presencia, no provocan ningún riesgo. “Más bien, ellos (este tipo de especie) no pueden defenderse de los humanos”.
Otro bicho propio del invierno son los grillos. En Uganda son una delicia culinaria. En ese país de África oriental, al igual que en China, se los vende a la parrilla, al fuego, fritos o al vapor. En Guayaquil esa idea resulta descabellada. En su lugar, se los persigue para eliminarlos.
Están en todas partes y junto a ellos también los mosquitos, hormigas y cucarachas.
Son las plagas de la época. Aunque están presentes todo el año, a decir de Jouvert Alarcón, responsable del laboratorio de Entomología de la Coordinación Zonal 8 de Salud. En el caso de los mosquitos, entre enero y marzo se multiplican por el incremento de la temperatura y porque las lluvias propician los criaderos.
Al resto, en cambio, en estos días se los ve sobre las superficies porque buscan refugiarse del agua en lugares cálidos, protegidos de la lluvia y con alimentos.
En estas semanas y desde que cayó la primera lluvia (a partir del 4 de enero), decenas de usuarios de la red social Facebook comparten con sus amigos la preocupación por la presencia invasiva de estos bichos.
Algunos piden consejos para eliminarlos y otros, como el arquitecto Julián Marín, se preguntaban si este año (con los efectos del cambio climático global y la contaminación), el mosquito Aedes aegypti, portador del virus del dengue, el zika y el chikunguña, podría haber vuelto genéticamente más fuerte o cambiado.
Washington Cárdenas, jefe del laboratorio de Biomedicina de la Espol, dice que no, que el virus como tal tuvo ciertas mutaciones, pero nada de qué preocuparse. “El mosquito es y será siempre el mismo. Lo que resta ahora saber es si los cambios genéticos se dan por el virus en sí o por el sistema inmunológico de quien lo contrae”.
A fines de este año, Cárdenas y su equipo emprenderán un programa con la Universidad de Colorado (EE. UU.) para analizar las células humanas de los infectados. La finalidad: saber por qué ciertos huéspedes (personas) no expresan o sobreexpresan la enfermedad; y conocer por qué hay organismos que permiten que el virus se quede.
En la actualidad, el dengue y el zika se han convertido en grandes protagonistas de la época invernal. El primero por ser una enfermedad que se agrava por las complicaciones hemorrágicas y el zika por ser una patología no solo transmitida por el mosquito sino por contacto sexual y contagio vertical (las embarazadas lo transmiten al feto).
Para enfrentar la presencia de estos bichos hay varias opciones. En el gráfico adjunto ofrecemos algunas recomendaciones: fumigar, eliminar los criaderos de mosquitos y las fuentes de humedad en espacios estrechos y sótanos. Según Luis Triviño, especialista en Salud Pública y exdirector de Malaria, esto mantendrá a raya a las plagas.
Hay también medidas para evitar que ingresen a los domicilios: insecticidas de venta libre que las mata o aleja; tips caseros a base de jabones, hierbas y cuidados que impiden su eclosión. Por suerte, las fórmulas también se multiplican en esta época.