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Entrevista a Paco Moncayo

El general Paco Moncayo (Quito, 1940), héroe del Cenepa y exalcalde de Quito, se sienta a conversar con EXPRESO con la tranquilidad que le concede su estrategia

El presidenciable Paco Moncayo, entrevista con Expreso

No es su primera guerra sin cuartel. El general Paco Moncayo (Quito, 1940), héroe del Cenepa y exalcalde de Quito, se sienta a conversar con EXPRESO con la tranquilidad que le concede su estrategia: poner el foco en los amigos, más que en los enemigos. Por eso habla menos de estos últimos y más de los primeros. Sobre todo del más reciente, Jimmy Jairala, de Centro Democrático (CD), cuyo apoyo le arrebató al oficialismo:

Es una alianza lógica. Y recoge el sentido de nuestra campaña, la representación de distintos sectores, en este caso, la Costa y la Sierra.

Cuando un aliado del oficialismo se acerca a la oposición siempre surgen sospechas. ¿No tiene ninguna?

La verdad no. Somos dos movimientos de centro, con principios doctrinarios e ideológicos similares.

Comparten hasta el color.

Así es, el naranja.

Jairala ha dicho que usted no es un candidato de oposición.

Depende de qué se entienda por oposición.

¿Qué entiende usted?

Yo estoy en la oposición a esta estructura de Estado, donde se ha eliminado la división de funciones y perseguido a la prensa. Lo que siempre digo, lo bueno debe quedarse y lo malo, cambiarse.

Es un discurso muy ambiguo.

Lo digo claro: la ley de comunicación debe reformarse a fondo, la ley de educación superior, el código integral penal.

¿Puede ser más específico?

Tenemos unas bases programáticas. Y todo el conglomerado de organizaciones políticas se une en torno a un programa, no a una persona. En ese sentido, nuestro discurso no es ambiguo, solo evita los extremos. Nuestra fórmula: problema, causa y solución.

¿No le da miedo terminar siendo esclavo del consenso?

Prefiero ser útil como esclavo del consenso que ser inútil en la libertad del disenso.

Moncayo, aunque general, no lleva esta vez la voz de mando ni tiene a su alrededor a obedientes no deliberantes. Su candidatura, representando a la Izquierda Democrática dentro del Acuerdo Nacional por el Cambio, es la apuesta de tres decenas de movimientos del centro hacia la izquierda; una zona ideológica que, por tradición, encuentra el consenso tan fácilmente como la ruptura. De momento, Moncayo no ha perdido un solo apoyo.

Ha enunciado grandes reformas como las tributarias o de estructura del Estado. ¿Cómo piensa lograrlas? Necesitará dos tercios de una Asamblea donde nadie tendrá mayoría absoluta.

Eso no me asusta. Ya lo he hecho. Cuando llegué a la Alcaldía no tuve mayoría. Y en los nueve años que estuve como alcalde, solo en dos ocasiones las ordenanzas no se aprobaron por unanimidad.

Una cosa es un Concejo y otra el Primer Poder del Estado.

Yo sé gobernar sin mayorías. Lo sé desde que era muchacho, cuando me sentaba con comunistas, liberales y conservadores y lograba acuerdos. Les planteaba las cosas uno por uno, enfocándome en el problema y no en la ideología. Porque la mayoría de los acuerdos son humanos y racionales.

Este no ha sido un país que se caracterice por la racionalidad política y la gobernabilidad.

No. Pero la gobernabilidad se logra con el diálogo. Cuando llegue al Gobierno no preguntaré de qué partido es cada quien. Así se logra el consenso.

El diálogo, el consenso y el hombre amable son armas de campaña de Lenín Moreno. ¿Se terminará pareciendo a él?

Al contrario. Me da miedo que él se termine pareciendo a mí. Porque mi discurso no tiene ataduras ni jefe ni presidente que me vigile. Soy libre para ser yo mismo.

Entre el 4 y el 13 % se ubica su candidatura, pero siempre en cuarto puesto. ¿Por qué alguien debería considerarlo un candidato con opciones?

Porque tenemos apenas 15 días en campaña y ya contamos con esos números. Cuando se lanzó mi candidatura había 63 % de indecisos. Y lo más preocupante, de los decididos muchos preferían anular el voto. Estamos en el precalentamiento. Y la foto real se va a ver en las urnas, donde seremos exitosos.

De todos los candidatos, Moncayo es el único que ha dedicado gran parte de su vida a la administración pública: en la Alcaldía, en las Fuerzas Armadas, en el ejército, en empresas públicas. Ahora quiere hacerlo en Carondelet. Por eso dice estar “trabajando para gobernar, no solo para ganar las elecciones”.

En la misma semana que ganó a CD, se le escapó SUMA. ¿Cuál es su lectura?

No voy a decir que me traicionó (Mauricio) Rodas. Porque así son las negociaciones. No hubo acuerdos en cómo componer las listas y en el plan de Gobierno. Y, natural, SUMA apoya a CREO. Está en su derecho. Así es la democracia.

¿No pierde usted?

Seamos claros: Quito es mi espacio. Es decir, no he perdido nada. En cambio, una alianza regional en un país regional eso sí es importante. Además de ser una muestra de capacidad de diálogo.

Si es un hombre de diálogo, como dice, ¿por qué escoge con quién dialogar y con quién no?

Porque no se puede dialogar con ataduras. Guillermo Lasso siempre quiso dialogar, pero si todos se alineaban a su candidatura. Para dialogar hay que saber renunciar.

Hubo quien renunció. Cynthia Viteri. Fue muy clara.

Muy clara. Y muy tarde.

¿Cree que fue una propuesta honesta?

No. Creo que todos sabemos que fue una movida política.

Hay quienes piensan lo contrario. John Argudo, el secretario general de Avanza, insistió esta semana en un diálogo entre ambos actores. Pero la única respuesta de lado y lado sigue siendo: “Ya es tarde”.

Usted, como todos, promete fiscalización. Pero la clave está en el cómo. ¿Tiene detalles?

En nuestro caso, queremos saber cómo se han utilizado los recursos del país porque ha habido opacidad en la información.

¿Quién debe llevar a cabo esa tarea?

Mi primer proyecto como legislador fue la Comisión Cívica Anticorrupción. Eso estoy planteando recuperar porque la gente clama fiscalización. Y el primer fiscalizado deberé ser yo. Porque si se pudre la cabeza, se pudre lo demás.

¿En Ecuador se han podrido las cabezas?

Para eso es la fiscalización para saber qué mismo hay y no prejuzgar.

La otra gran tarea es la económica. Usted promete mantener los beneficios sociales. ¿Cómo piensa hacer si la matemática obliga a los recortes?

Hay que eliminar todo gasto superfluo.

¿Eso alcanza?

Así no se corrigen 5.000 millones de déficit. Por eso tenemos que defender con lo que tenemos, educación, salud, seguridad social y seguridad. Priorizando los gastos, defendemos al más débil. Hay que revisar todo el aparato del Estado. En servicio exterior se han cuadruplicado los servidores. Hay que revisarlo.

Moncayo es un izquierdista que no cree en cafetines. La nueva izquierda, la democrática, reconoce la urgencia de eliminar la ideología de las políticas de Estado, los epítetos de las declaraciones sobre los contendientes y las frases absolutas en las entrevistas a profundidad.

Correa ha dicho que entregará la banda si el nuevo presidente es “presentable”. ¿Qué opina?

Que el presidente no puede imponer condiciones. Esos gestos van más allá del protocolo, hablan de la calidad de persona. El nuevo presidente será electo por todos los ecuatorianos.

¿Usted recibiría la banda de Correa?

¿Por qué no? Yo soy respetuoso de la ley. Soy civilizado.