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Enfrentar la realidad
Al parecer, ya están cumplidos los supuestos requeridos por el actual Gobierno para enfrentar con mejores posibilidades de éxito y con el menor sufrimiento posible, también sin muchos sacudimientos peligrosos, los efectos de la situación económica generada por el despilfarro y la corrupción heredadas del régimen anterior.
Ya se cuenta con un nuevo vicepresidente, designado a gusto del presidente en funciones. Ya se cumplió la consulta popular con amplio respaldo a los planteamientos del Ejecutivo. También está constituido un Consejo Transitorio de Participación Ciudadana y Control Social, con algunos de los mejores hombres y mujeres que el país tiene para el ejercicio de tan delicadas y urgentes funciones. Finalmente, cuenta el Gobierno Nacional con una presidente de la Función Legislativa de su mismo signo político.
Pero también cada día es más cercana a la realidad la cifra del vertiginoso endeudamiento, que no ha cesado, y que solo con su servicio compromete una buena parte del presupuesto nacional, lo cual evidentemente obliga a su renegociación o a conseguir nuevos préstamos en mejores condiciones.
Con todo ello por delante, y con una nueva ministra conduciendo (se supone) los nuevos rumbos de la economía del país, es de esperar que pronto se anuncie un plan de renegociación de la deuda y otro para la reactivación de la economía que, al parecer, tomará en cuenta algunas de las inquietudes presentadas por el sector productivo y los empresarios -al menos una parte de ellas-, mientras al sector de los trabajadores se lo mantiene tranquilo con la promesa de que no habrá “paquetazo”.
Transparentada la magnitud de la crisis y sus principales variables, es necesario que los ajustes que de todas maneras deberán realizarse contribuyan a estabilizar la economía y lo hagan repartiendo los sacrificios de modo que sean mayores entre quienes mejor los puedan resistir.
Por supuesto, el Ecuador igualmente desea que parte de las acciones de reactivación se sustenten en la recuperación de los dineros robados al erario nacional por las diversas maneras que adoptaron los corruptos para su ilícito y vertiginoso enriquecimiento. En esa decisión, se puede adelantar, el Gobierno contará con todo el respaldo requerido para que la resistencia de los delincuentes no altere la pronta normalización.