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Encuestas y politica
Un gran porcentaje de los políticos reduce el conocimiento de los escenarios a lo que le dicen las encuestas. Estas, en lugar de ser un instrumento más de apoyo y una referencia, se convierten en la guía indiscutible e incuestionable en la que fundan sus estrategias y sus acciones. Con esta forma de actuar suprimen la imperiosa necesidad de auscultar e investigar el comportamiento colectivo, la reacción de la gente frente a la conducción de los gobiernos, las sensaciones que van tomando cuerpo hasta convertirse en convicción, derivadas del estilo con que se mueven los actores y líderes, y el impacto que causan en el diario vivir las medidas que se toman desde el poder. Otro de los factores que contribuye a que los desenlaces sean fatales es la mala lectura de los tiempos políticos.
Estuvimos en Buenos Aires en mayo y pudimos constatar, en la mayoría de las personas que abordamos, un sostenido rechazo a los efectos derivados de la aplicación de medidas económicas gubernamentales que desembocaron en la disminución de la capacidad de compra de la población. Creíamos que luego de la debacle populista de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, los argentinos iban a reconocer en la gestión de Macri la única respuesta orientada a recuperar la economía y enterrar la práctica corrupta de sus antecesores, pero el testimonio de los viandantes, empleados, choferes, etc., nos ubicó en la realidad: estábamos totalmente equivocados.
Los resultados del 11 de agosto reflejaron la realidad y nos convencieron, una vez más, de la inutilidad de las encuestas cuando el descontento es la única reacción que se calienta y crece.
En una sociedad cuyos sectores mayoritarios sufren de manera cotidiana las restricciones en su nivel de vida, no hay lugar para reflexionar ni capacidad para visualizar las causas primeras de la crisis. Esta dinámica que es, sobre todo emotiva, está fuera de la lógica de aquellos que piensan que los votantes son números, por más que se asuman conductores de la opinión y gurúes para interpretar la realidad.