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La encerrona letal del Ecuador

La campaña electoral 2021 ya empezó. Guillermo Lasso dijo, desde marzo de 2018, que correría en esa pista. Y ya está recorriendo el país. Jaime Nebot está absolutamente enfocado en ese objetivo desde antes de dejar la alcaldía. Ya visitó 45 ciudades. Y su anuncio depende de que los estudios de sus estrategas le aseguren que puede ganar. Gustavo Larrea también aspira y, al parecer, tiene lista una estructura y sus aliados. En esa lista, que se alargará sin remedio, quieren estar Andrés Páez, Fernando Villavicencio, Fernando Balda... Y Lenín Moreno: sus estrategas lo quieren incluir.
Los resultados de esas elecciones se conocerán en 19 meses. Es mucho tiempo para un gobierno que no asume su papel de transición, que hubiera debido inducirlo a tomar decisiones sin calcular el costo político. Es mucho tiempo, igualmente, para los otros candidatos, reducidos a hacer promesas ante un gobierno débil y timorato y una nación expectante y desesperanzada. En otras palabras, el país está en una encerrona.
19 meses es mucho tiempo para todo el mundo. Y mientras al Gobierno le interesa ganar tiempo y no hacer olas, los problemas se acumulan. Todo el mundo al parecer está hecho al dolor. El Gobierno sobrevive. Sabe que no hay ambiente ni veleidades mayoritarias de desestabilización. El presidente, tras la ruptura con Rafael Correa, está dedicado, según confesó, a contar los días que le restan en Carondelet. Es impopular y eso mortifica al Gobierno que repite, con la intención de que le crean, que el primer mandatario tiene bajas cifras en los sondeos por haber tomado medidas valientes en economía. Eso no es cierto: Moreno es impopular porque no ha trazado un rumbo, no tiene estrategia política para encarar la crisis económica y nunca tuvo la intención de unir el país alrededor de un programa mínimo, consensuado para el momento. Es eso lo que se ve en los sondeos. Es eso lo que produce la preocupación y la incertidumbre que embarga a más de 70 % de la ciudadanía.
La opinión no castiga la valentía de Moreno sino su indecisión, sus cálculos innecesarios (solo los correístas piensan tumbarlo), esa campaña ladina presente en el plan “Toda una vida” hecha desde el Estado y paralela a la administración, que habla de un candidato ansioso de sumar puntos; no de un presidente de transición, decidido a cumplir con las tareas que le impone la realidad. Moreno hizo la primera parte: romper con Correa. La opinión mayoritaria lo premió y la historia se lo reconocerá. Pero sigue eludiendo la segunda parte.
Ahí está parqueado el país. Entre un gobierno desesperado por ganar tiempo, mientras gestiona cómo seguir en el cargo en 2021, y fuerzas políticas que aspiran a reemplazarlo y tienen que esperar 19 meses el veredicto de las urnas. Esa encerrona genera vacío de poder, falta de rumbo, ausencia de liderazgo. Esa encerrona retarda las decisiones, produce políticas públicas que más parecen paños tibios y mueve al país en cámara lenta. Ojalá esa encerrona no esté nutriendo apetitos subterráneos y autoritarios; similares a los que llevaron a Jair Bolsonaro a la presidencia en Brasil.
¿Puede el país aguantar este ambiente vacacional que se prolonga? Sin duda. Al parecer todos los actores políticos y sociales están hechos al dolor. Como si el país no tuviera que llenar enormes brechas. Como si respirara al unísono con el mundo y sus cambios. Como si su destino fuera el de Sísifo: reincidir eternamente en los problemas (macroeconómicos e institucionales) que debieron haber sido resueltos hace muchas décadas.