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Emprendedorismo en el mundo arabe
En Medio Oriente y el norte de África están surgiendo numerosos centros tecnológicos. En lugares como el Distrito Digital de Beirut o el Greek Campus en El Cairo, algunas de las mentes más brillantes del Gran Medio Oriente convierten ideas innovadoras en productos comercializables. Las ideas empresariales que se refinan en estas incubadoras poseen la clave del futuro de una región que desde la Primavera Árabe lucha por estabilizar su economía. En todas partes, las “startups” generan empleo, competitividad, mejoras de productividad y crecimiento económico, ayudan a reducir la pobreza y combatir el cambio climático. Cuando estas vigorosas empresas emergentes llevan productos y servicios innovadores a mercados vírgenes, contribuyen positivamente al desarrollo del sector privado. En la región ya hay varias “startups” exitosas haciendo esto y mucho más. Pero por desgracia, el ecosistema de empresas emergentes todavía lucha contra un entorno comercial y regulatorio poco propicio. La región tiene 23 millones de pequeñas y medianas empresas, que equivalen a cerca del 90 % del sector privado, pero solo reciben el 8 % del crédito bancario total. Y a los emprendedores necesitados de capital les quedan muy pocas opciones; pese al aumento de la cantidad de fondos semilla y aceleradores en la región, el mercado de capitales de riesgo todavía no está desarrollado. Hay poca educación formal para nuevos emprendedores, y las redes de apoyo a empresas nuevas son escasas. Otro factor limitante es el sexismo: casi ninguna de las economías regionales da trato plenamente igualitario a sus empleadas y ejecutivas. Pero hay muchas formas de lograr que más “startups” en la región puedan hacer el salto que va de una buena idea a un éxito comercial. Es necesaria una reforma de las leyes nacionales de quiebra. Los emprendimientos nuevos implican riesgos, pero las normativas vigentes dificultan la liquidación de empresas, lo que ahuyenta a potenciales inversores y aumenta el costo del crédito. También es importante abolir el castigo de prisión para la quiebra no fraudulenta. Además, muchos países tienen leyes laborales que dificultan la contratación y el despido de personal. La movilidad laboral también se ve impedida por la burocracia y el costo del papeleo. Por último, hay que revisar las restricciones contra la propiedad extranjera de empresas y fortalecer las leyes de propiedad intelectual para proteger las innovaciones que los emprendedores crean con mucho esfuerzo. Esto alentaría un mayor flujo de inversiones a la región. Los gobiernos deben implementar reformas que liberen el potencial de las empresas privadas para crecer y contratar más empleados. Organismos internacionales de desarrollo como el Grupo Banco Mundial (al que pertenece la institución para la que trabajo, la Corporación Financiera Internacional, IFC) pueden hacer de puente entre gobiernos y sector privado. La estrategia es desarrollar nuevos mercados en países de ingresos bajos y medios, mediante el estímulo a la participación privada en economías a menudo dominadas por el sector estatal. Empresas como estas (“startups”) traerán crecimiento económico sostenible a la región y crearán oportunidades de empleo para millones de personas.