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El tiempo de las elecciones
Cada vez se estrecha más. A veces porque los grupos políticos y los partidos no tienen a punto sus propuestas o no consideran suficiente la candidatura presentada.
En el Ecuador los partidos políticos no han sido lo fuertes y perseverantes que se necesitaba, salvo las viejas estructuras del conservadurismo, heredero de García Moreno, y el liberalismo con la figura de Alfaro y el fraude electoral que lo mantuvo en el poder, con algunas alternativas, durante cincuenta años, hasta que la transformación del 28 de mayo acabó prácticamente con su vigencia en manos de un personaje adversario de los partidos y de los falsos líderes.
Hoy la constante política vuelve a manifestarse. Hay candidaturas partidistas que no pesan por sí, sino por la presencia de un candidato con arrastre electoral y fuerza. Es el caso de la posible candidatura a la presidencia de la República por el Partido Social Cristiano, Madera de Guerrero y una probable coalición que involucre a las vertientes ideológicas que van del centro hacia la derecha y del centro hacia la izquierda. Se han hecho gestiones para unirlos en una sola candidatura que tendría mucha fuerza y que operaría con la estructura unipartidista. Lo mismo ocurre en el caso de la Alcaldía de Guayaquil, al igual que con la de Quito y Cuenca, las tres ciudades más importantes electoralmente hablando. En ellas, las candidaturas se presentan bastante al margen de sus propias estructuras originales, en mucho porque el desprestigio de todos los actuales partidos en el Ecuador es realmente notable.
Velasco Ibarra, una especie de motor antipartido, dominó la política nacional por cuarenta años y Alfaro, que se llamaba liberal, pero que no lo era en realidad, marcó una era de algunos años, aunque terminó su jornada de manera trágica y brutal.
Hoy, aparte de Jaime Nebot, que tiene un amplio respaldo popular, no se ve en el horizonte político otro líder con una fuerza semejante y esta realidad hace que los grupos y partidos esperen cautamente hasta ver cómo se desenvuelve el electoral, especialmente después de las elecciones seccionales. Para entonces, los grupos y partidos tendrán una referencia bastante más clara de lo que hoy se presenta el panorama electoral.