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Migrantes. En la mayoría de los países en desarrollo, numerosas familias tienen a alguna persona migrante que les envía remesas, un ingreso económico que les permite cubrir sus necesidades.EFE

Migrantes y remesas: el sostén de millones

La migración ha creado una importante economía que sostiene a muchas familias en el mundo

En la mayoría de los países en desarrollo, numerosas familias tienen a alguna persona migrante que les envía remesas, un ingreso económico que les permite cubrir sus necesidades básicas y darse “algunos lujos”, como modificar su dieta, celebrar cumpleaños o llevar a cabo otros tipos de actividades de recreación que no podrían costear sin ese apoyo.

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La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha señalado que, en la última década, los migrantes han enviado 5 billones de dólares en remesas a países de renta baja y media, superando la ayuda oficial al desarrollo e igualando la inversión extranjera directa. Para 2030, estiman que 4,4 billones de dólares adicionales en remesas serán enviados hacia los mismos países.

Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), indica que la migración es una fuerza que define “nuestro siglo y una de las mayores fuentes de ingresos en países en desarrollo”. Agrega que las personas migrantes “son centrales para abordar la escasez de mano de obra, impulsar la innovación y apoyar la estabilidad demográfica”.

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En el contexto del Día Internacional de las Remesas Familiares 2025, la directora general de la OIM, Amy Pope declaró que “cuando los migrantes envían dinero a sus hogares, hacen mucho más que mantener a sus familias”, pues “están construyendo comunidades más fuertes, impulsando las economías locales y ayudando a regiones enteras a recuperarse y crecer”.

Dijo, además, que “las remesas apoyan la educación de los niños, permiten a las mujeres emprender negocios y proporcionan un colchón vital en tiempos de crisis. Cuando se invierten sabiamente, son una poderosa herramienta para el desarrollo que beneficia tanto a los países de origen como a los de destino”.

El esfuerzo que pocas veces se valora. “Anselmo”, nombre con el que prefiere ser identificado un migrante que vive en Estados Unidos desde el 2019, cuenta que se vio obligado a salir de Nicaragua debido a la crisis sociopolítica que se vivió en ese país centroamericano en 2018.

El sostén familiar

Aunque antes de salir de Nicaragua realizaba labores cualificadas en una empresa privada y acumulaba más de 25 años de experiencia, tras su salida ha tenido que aceptar diferentes tipos de trabajo para poder subsistir y enviar una ayuda económica a su familia. Actualmente limpia habitaciones de hotel, el trabajo más estable que ha conseguido, según explica.

“No ha sido fácil, yo no soy una persona de 30, ni 40 años, estoy próximo a cumplir 60 y eso significa que, aunque he sido disciplinado con mi salud, el peso de los años me lleva a tener algunos dolores de espalda, movilidad más lenta y uno u otro malestar, entonces entrar al mundo laboral en este país ha sido bastante complicado y ser competitivo en el cumplimiento de mis tareas también”.

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“Anselmo” asegura que después de 5 años ya sabe cómo funciona el país, y tiene estrategias para aprovechar el tiempo al máximo y rendir en su trabajo, aun así no se acostumbra a la vida tan ajetreada de Estados Unidos.

Comparte con EFE que desde hace 8 meses es el único sostén de su familia, pues su esposa está desempleada y las facturas de casa no esperan. “Tengo jornadas con horarios diferentes, pero en los últimos meses me levanto a las 4 de la mañana ya que debo preparar mis alimentos, bañarme y tomar dos autobuses hasta mi centro de trabajo. Llego a las 7 de la mañana y finalizo a las 3 de la tarde, hay días que me quedo más tiempo para acumular horas extras y tener un poco más de dinero, pero es muy cansado”, señala.

Detalla que tiene asignada la limpieza de una treintena de habitaciones y una vez finalizada la tarea debe brindar apoyo a sus compañeros, ya que “nunca falta trabajo”, asegura.

Refiere que de los 2.600 dólares que usualmente gana, envía como remesa al menos 400, con el resto intenta cubrir sus necesidades básicas y tener un pequeño fondo de ahorro por alguna emergencia.

“No me sobra el dinero, pero siempre he sido organizado y hago mis cálculos matemáticos para no pasar hambre y que mi familia tampoco”, señala.

Sobre el costo humano que conlleva ganar dinero y enviarlo destaca que muchas veces las personas que no han salido del país y no han conocido la dinámica de vida y de trabajo en países como Estados Unidos creen que apenas una persona sale de Nicaragua, inmediatamente tiene mucho dinero.

“Algunos amigos me han dicho que se frustran porque sus conocidos y a veces sus mismos familiares se acercan únicamente para pedirles préstamos que nunca van a pagar o directamente les piden dinero, pero en ningún momento les saludan o les preguntan al menos cómo están”.

Entre risas, “Anselmo” señala que en su caso eso no le pasa con frecuencia pues siempre ha sido una persona “reservada y algo distante”.

Reflexiona que quienes únicamente reciben las remesas la mayoría del tiempo ni siquiera piensan en el esfuerzo y trabajo que implica.

“Yo le digo a mis hijos adolescentes que me aprovechen y administren bien lo que les envió porque en poco tiempo les tocará a ellos ayudarme”, finaliza Anselmo con una carcajada.

La historia de “Anselmo” es similar a la de numerosas personas que, lejos de su hogar, sostienen a sus familias mediante largas jornadas de trabajo y sacrificios silenciosos y es solo una muestra de la responsabilidad y el amor que mantienen en pie a millones de hogares en todo el mundo.

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