La farra quiteña sigue en terapia intensiva

  Economía

La farra quiteña sigue en terapia intensiva

El fin del estado de excepción no abarca a bares o discotecas El 40% de los establecimientos de La Mariscal han cerrado.

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El sector de La Mariscal, conocido como la arteria de ‘la farra’ del centro norte de Quito, quedó abandonado, con más del 40 % de sus locales cerrados o en venta.Henry Lapo

En la Plaza Foch reina el silencio. Desde que inició la pandemia por coronavirus en marzo, los cafés, bares, restaurantes y discotecas del epicentro de la ‘farra’ capitalina cerraron sus puertas, y los cientos de turistas y visitantes que llenaban las callecitas del popular sector desaparecieron. El fin del estado de excepción, sin embargo, no devolverá el brillo a la concurrida zona, pues tras casi seis meses de cierre, lo que menos queda son sitios a donde ir.

En la plaza, punto emblemático de este sector, solo quedan dos locales abiertos. Todos los demás, enormes restaurantes donde entraban más de cien comensales, se alquilan o se venden, y sus ventanas están tapiadas. “La afectación para nuestro sector ha sido incalculable. Adicionalmente, cuando se empezaron a levantar las restricciones, se impuso la ley seca y el toque de queda los fines de semana, todo eso ha complicado la reactivación”, analiza Andrés Camacho, vicepresidente de la Agremiación de Restaurantes de Pichincha.

La Mariscal, donde antes funcionaban 187 negocios, ha perdido el 40 % de sus establecimientos y de los que quedan, la mayoría no ha logrado siquiera mantener el 30 % de las ventas que tenían previo a la pandemia. “El año está perdido”, agrega Camacho, quien añade que, de imponerse otras medidas de restricción desde el Cabildo, los locales que han sobrevivido a la crisis se verán obligados a cerrar sus puertas.

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Y si bien los restaurantes podrán funcionar con un 50 % de su aforo, según decretó ayer el Cabildo capitalino, bares, discotecas y otros centros de diversión nocturna deberán permanecer cerrados, lo que para este barrio solo ahonda las ya cuantiosas pérdidas.

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Los restaurantes que han reabierto sus puertas indican que no han logrado recuperar ni el 30 % de las ventas que tenían antes de la pandemia.Henry Lapo

El Chelsey es uno de los establecimientos que está abierto. Rodeado por los ‘restos’ de dos bares opacos y apagados se encuentra César Palacios. Es el administrador del local, que era ‘punto de encuentro’ de cientos de quiteños antes de la emergencia sanitaria. Se pone nostálgico al recordar ‘la plaza’ cuando aún se llenaba de turistas y farreros. Que tenía ingresos de hasta 40.000 dólares al mes, recuerda. Que en su local entraban unas 190 personas a la vez. Que los parlantes ‘reventaban’ con reguetón. Que la gente caminaba libre. Ahora de eso, y sobre todo de los significativos ingresos, solo queda el recuerdo.

Pero en medio de un futuro incierto, que los propietarios indican, impide hacer proyecciones, ha surgido una posibilidad, la de reinventar ‘la zona’, que además de ser conocida por la ‘farra’, también era temida por su nivel de inseguridad.

187 establecimientosentre bares, discotecas y restaurantes funcionaban en La Mariscal. El 40 % cerró.

Aníbal Palacios, administrador de la ‘disco’ Maddox y representante de varios dueños de negocios del sector, habla de un plan piloto, que se le ha planteado al Cabildo, y que tiene miras hacia la reactivación.

Este considera que una asociación de asesores turísticos puede ser un enganche para salir de la crisis. Estaría conformada por los promotores, cuya labor ahora mismo está prohibida por una ordenanza. Antes de la pandemia eran unos 176. El 50 % de ellos se ha marchado a sus países, pues en su mayoría eran extranjeros. Con este proyecto, además de atraer clientes, habría una regulación e ingresos para el Estado. “Si se nos da luz verde, creemos que la zona podría ponerse en pie en seis meses, y podría convertirse en un sitio más seguro”.

En el Puerto Principal, donde bares y discotecas tampoco podrán abrir sus puertas, la situación no es mejor. Según cálculos de la Asociación de Centros Nocturnos de Guayas, de los 450 locales que existen en la urbe, más de la mitad ha cerrado de manera definitiva.

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La agrupación diseñó un protocolo de seguridad, que incluía la eliminación de las ‘barras libres’, aforo limitado en los locales y las pistas del baile, y la venta de botellas personales, pero no ha sido suficiente.

Días atrás, Patricio Pareja, titular de la entidad, criticó la decisión señalando que se debería apoyar al sector, cuyas pérdidas económicas son considerables, o al menos definir fechas para su futura reapertura. No existen cifras exactas, pero la Cámara de Turismo del Ecuador determina que la afectación a estos negocios se contabilizan en los $ 640 millones perdidos que registra la industria.

El gremio ha realizado varios plantones desde junio, sin recibir respuestas. Lo único certero es que, sin detalles sobre cuándo podrán reabrir, en los próximos meses se registren más pérdidas y nuevos cierres. “Para cuando nos dejen abrir, ya no quedarán locales”, reflexionó Pareja.

El Cabildo quiteño ‘abre’ las calles

El Municipio de Quito le sigue el ritmo al del Guayaquil, proponiendo, como plan piloto para la reactivación, el uso de aceras para colocar mesas y permitir el arribo seguro de los clientes. 

El plan piloto se implementará en La Foch, en Isabel La Católica y en el Centro Histórico. Un primer proyecto se llevó a cabo en Cumbayá. El burgomaestre, Jorge Yunda, indicó que esto incluirá “la toma ordenada del espacio público”, que contará con todos los protocolos de bioseguridad.