Un dolor que nos despierta y hace fuertes

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Un dolor que nos despierta y hace fuertes

Eran las ocho de la mañana. Dolores, una madre de familia, salía de una panadería en un barrio sureño de Guayaquil cuando escuchó a un guardia de seguridad advertir a un vendedor ambulante de la acechanza terrorista en el país.

Ciudadanos se unieron a una marcha por la paz en Guayaquil.

Eran las ocho de la mañana. Dolores, una madre de familia, salía de una panadería en un barrio sureño de Guayaquil cuando escuchó a un guardia de seguridad advertir a un vendedor ambulante de la acechanza terrorista en el país. “Dicen que Guacho va a poner una bomba en todos los ‘molls’”, contestó el comerciante desde la vereda opuesta en tono chacharero

La conversación terminó. El vendedor volvió a desgranar choclos en su vereda y la mujeres continuó su camino percibiendo un ambiente enrarecido.

Se preguntó si por primera vez, desde que se desató el conflicto del narcoterrorismo en la frontera norte, podría sentir temor en un espacio público suponiendo que podría ser víctima de un ataque, y si este era un sentimiento compartido. Después de todo, a partir del atentado de enero en San Lorenzo (Esmeraldas), hasta el asesinato del equipo periodístico de El Comercio y el secuestro de la pareja de la que hasta ahora no hay noticias, hemos permanecido en vigilia. Miles hablan y debaten sobre la violencia y seguridad, y otros tantos se movilizan en un intento de deshacerse de esta especie de mal sueño.

La psicóloga clínica Cecilia Chávez Bowen cree que por ahora no se podría hablar de un sentimiento de temor en las personas, aun cuando nos asedien mensajes, audios y vídeos propagando todo tipo de rumores sobre la actividad de los irregulares en el país, pero admite que hay preocupación por lo que estos hechos signifiquen en un futuro.

El psicólogo David Aguirre habla de una sensación de incertidumbre propiciada por el ambiente de discusión continua sobre cómo afrontar la violencia, evitar más muertes y recuperar la paz. ¿Qué ocurrirá mañana? ¿Habrá un nuevo secuestro? ¿Se logrará el rescate de la pareja retenida? Son preguntas que nos hacemos, pero que no tienen respuesta y abonan al sentimiento común de intranquilidad.

Y es que ante un evento ‘brutal’ como el secuestro y asesinato de compatriotas, se genera una respuesta que afecta de forma notoria a la población, asegura el antropólogo Jaime Costales Peñaherrera, máster en Clínica Social y doctor en Ciencia Política. “Una sensación de fragilidad y de peligro inminente provoca incertidumbre y sentimientos de inseguridad”, dice. A su vez, “la empatía que sentimos hacia las víctimas del terrorismo, sus familiares y colegas, intensifica la sensación de pertenecer a un país que ha sido agredido”, observa.

La experiencia de los ecuatorianos en torno a la violencia por terrorismo y narcotráfico es minúscula, si se compara con otras naciones de Latinoamérica como México, en donde según datos del Instituto de Estudios Estratégicos (IISS, 2017) ocurren más de 20 mil crímenes al año como consecuencia de la guerra contra el narcotráfico y de la violencia en general.

Sin embargo, para Aguirre esta realidad ha hecho que nos “despertemos” y advirtamos que no vivimos precisamente en el “lugar más feliz” del mundo.

Una vez entendido esto, lo que se espera -dice Costales- es que la respuesta frente a la agresión de los irregulares no genere en la población un sentimiento de desamparo que la lleve a ‘bajar los brazos’ y creer que la violencia se convirtió en ‘parte del paisaje’. “El conformismo paraliza la reacción colectiva y las acciones para enfrentar la violencia del narcoterrorismo se pueden ver complicadas y limitadas”.

El también catedrático universitario considera que las últimas marchas a favor de la paz han sido el inicio de una respuesta de ‘conciencia unitaria’ que hay que mantener, cultivar y fortalecer.

En este contexto, ¿cuál debería ser la postura desde la esfera gubernamental hacia una colectividad deseosa de respuestas? Para Costales, se requieren decisiones sabias, prudentes y urgentes que permitan enfrentar este flagelo.

Opina que el gobierno debe tener como emblema la unidad, la idea de “un solo país reaccionando ante la agresión de estos grupos peligrosos”. Desde la colectividad, cree necesario irradiar una serena confianza y entregar un apoyo generoso al gobierno. No obstante, el “presidente y su equipo deben ser recíprocos guiando al Ecuador con grandeza de alma y valentía”, sostiene.

Transforme su temor en solidaridad

¿Qué hacer con los sentimientos que han ido incubándose a lo largo de estas semanas y cómo convertirlos en algo esperanzador? El catedrático y máster en Clínica Social Jaime Costales propone utilizar el impulso psicológico del miedo y transformarlo en solidaridad, “en acciones inteligentes de defensa y en una cohesión social que solucione la grave crisis que el terrorismo nos está causando”.

El psicólogo David Aguirre anima a las personas a no politizar el tema adjudicándole la responsabilidad de lo ocurrido a uno u otro gobierno. Más bien cree que es necesario darle un nuevo sentido y, como sociedad, buscar ser parte de un acompañamiento colectivo desde diferentes espacios. “Quizás participando en eventos comunitarios de ayuda, aportando para una organización que atienda a grupos vulnerables. Creo que esto nos permitirá bajar el nivel de ansiedad y aportar para que esos sentimientos se distribuyan por otras vías y no se transformen en odio”, afirma Aguirre.

Una acción de salud mental similar se debe emprender en las redes sociales, convertidas últimamente en espacios de debate y de caos a la vez. “Decidamos qué queremos consumir en redes”, dice Aguirre. Agrega que es correcto no estar adormitado frente a un hecho real, pero tampoco embebidos en la locura digital, pues esto también genera un efecto negativo que nos puede contagiar.

Costales afirma que si se contagia desesperación y derrotismo, lo que se consigue es envenenar la psique colectiva del país.

Se trata de un momento crucial de nuestra historia, advierte Costales, y ese sufrimiento colectivo actual “puede y debe convertirse en una fuerza poderosísima de sobrevivencia nacional, que nos lleve a actuar solidariamente para enfrentar a las fuerzas infames”.