Los llamados dientes de leche contienen células madre, que pueden contribuir a regenerar diferentes partes del cuerpo.

Los dientes de leche pueden salvar vidas

Esos primeros dientes de su hijo contienen millones de células madre, de alto potencial regenerativo en el tratamiento de enfermedades graves.

Los dientes de leche contienen células madre, que son capaces de contribuir a la regeneración de diferentes partes del cuerpo, sin riesgo de rechazo. Así lo revela un nuevo estudio del Centro Nacional para la Biotecnología de los Estados Unidos (NCBI).

El valor terapéutico radica en que en dicha etapa, las piezas dentales están menos expuestas a daños ambientales y por eso se conservan en mejor estado. Basta un solo diente para obtener billones de ellas debido a su gran capacidad de multiplicarse.

Las células madres se utilizan en tratamientos complejos como la diabetes, el cáncer, infartos, y también para ayudar a desarrollar nuevos tejidos y huesos, incluso años después de que el diente se haya caído.

Explica el estudio que a medida que las personas envejecen la cantidad de células madre adultas que están en los órganos disminuyen, perdiendo su capacidad regenerativa.

“Un diente de leche de un niño siempre va a ser una mejor fuente de células madre que el de un individuo de 50 u 80 años”, enfatiza a El País, el biólogo Ander Izeta, secretario de la Sociedad Española de Terapia Génica y Celular.

Los terceros molares (muelas del juicio), los últimos dientes que aparecen en la boca (en torno a los 18 años), también son proveedores de gran cantidad de células madres.

Para beneficiarse de todas las bondades es fundamental mantener adecuadamente su funcionalidad. Las piezas deben se extraídas por un especialista y mantenerlas en óptimas condiciones de conservación en los bancos de dientes.

Se las puede utilizar para tratar enfermedades en pacientes con un primer o segundo grado de consanguinidad (hermanos, padres, abuelos, tíos y tías, etc.) además del donante, según la página biodenecuador.com.

Conservarlas tiene su precio. En un laboratorio de Madrid, por ejemplo, cuesta entre los 600 y los 2.780 dólares anuales, y el interesado podrá disponer de ellas durante 20 o 25 años.