Actualidad
Diego Cornejo Menacho: “La situacion no puede seguir asi, se puede agravar mucho mas”
Asumió la pelea de frente. Fue atacado por el primer ciudadano del país, recuerda con molestia. Ahora se ve ‘casi obligado’ a tener una actitud positiva. “Hay que ver qué pasa”, advierte.

Periodista de larga trayectoria en varios medios de comunicación. Escritor y pintor. Los últimos seis años fue la cara visible de la Asociación Ecuatoriana de Editores de Periódicos (Aedep). Dejará ese puesto en junio. ¿Razones? Entre otras cosas, porque no cree en la reelección indefinida.
Asumió la pelea de frente. Fue atacado por el primer ciudadano del país, recuerda con molestia. Ahora se ve ‘casi obligado’ a tener una actitud positiva. “Hay que ver qué pasa”, advierte.
- ¿Cómo resume su paso por la Aedep?
- Ha sido una época para impulsar y organizar la resistencia. Aunque Rafael Correa llegó a la presidencia con el apoyo de los medios y de los periodistas, inmediatamente dio un viraje y convirtió a los medios, particularmente a la prensa escrita, en sus enemigos. En estos seis años me ha tocado ser la cara visible del mayor enemigo de la Revolución Ciudadana, según el presidente.
- ¿Eso marcó su trabajo?
- Lo que planteó la Aedep fue organizar una resistencia que, en la primera etapa, se manifestó en una ‘detención’ de la aprobación de la Ley de Comunicación. Posibilitamos la participación de la relatora para la Libertad de Expresión de la CIDH sobre los errores que cometía la mayoría legislativa al aprobar la ley. Lo mismo hicimos con el relator de la ONU para que no sean solo opiniones nuestras.
- No obstante la ley se aprobó.
- Una ley que es como un Frankenstein y, en la práctica, pasó lo que pronosticamos: es un instrumento de persecución a medios y periodistas. Presentamos una demanda de inconstitucionalidad que fue desechada por la Corte Constitucional -constituida por emisarios del correísmo-. Desde entonces hemos hecho una oposición razonada.
- Ha mencionado monstruos que fueron creados a última hora en la ley. ¿Cuáles son?
- El día que se aprobó, el alcalde de Loja y exasambleísta introdujo dos temas que definió como los colmillos de la ley mordaza: la Superintendencia de Comunicación y el linchamiento mediático.
- ¿Cómo evalúa su aplicación?
- Tenemos cosas absurdas como la de siete medios acusados por no reproducir una información no confiable de un medio del exterior, o ataques y enjuiciamientos a un caricaturista. A estos extremos se ha llegado.
- ¿Es la peor consecuencia?
- No. Lo peor es la existencia de la Superintendencia y la presencia de Carlos Ochoa. Pero, además, que la ley pretenda imponer un código deontológico es absurdo. O la imposición de contenidos o que, sin que exista una definición de la interculturalidad, se multe a los medios que no cumplen ciertos porcentajes. O que tampoco esté claro qué es interés público y se sancione por, supuestamente, violentar esa disposición.
- Con criterios subjetivos...
- Cuando nos negaron la demanda, la Corte ordenó que Cordicom defina qué es el interés público porque una ley no puede ser ambigua. Cuando es ambigua, la autoridad sancionadora aplica criterios subjetivos. Pero el Cordicom no lo ha hecho, desde 2013.
- Ha sido la cara visible de una parte de lo que el Gobierno llama ‘prensa corrupta’. ¿Cómo tomó ese adjetivo?
- El Gobierno más corrupto de la historia acusó a la prensa de ser corrupta. Durante 10 años ningún caso de corrupción, con ningún periódico ha sido judicializado. En la Contraloría existen, en cambio, más de 2.000 casos del Gobierno que la Fiscalía no judicializa. Eso hay que decir. Lo demás es propaganda, es el argumento de un gobernante autoritario para crear un leviatán con el que, supuestamente, combate.
- ¿Por qué cree que el Gobierno escogió a la prensa como rival?
- Es una tendencia internacional. Es un posicionamiento en los gobiernos autoritarios, populistas. Lo mismo sucede en Turquía, en Bielorrusia y estuvo sucediendo en Argentina.
- Los informes internacionales advierten un retroceso general en libertad de expresión.
- Así es. Sucede en Nicaragua y, no se diga, en Venezuela. Es parte de la franquicia arrinconar a la prensa. Pero hay más: en la base hay una concepción distinta sobre la democracia y el papel de la prensa. El discurso de estas fuerzas populistas se remonta a los 60 cuando se discutía que los sectores privados no deberían hacer comunicación, que esta debería ser asumida por el Estado.
- Aquí ya es un servicio público.
- Y eso implica una concepción distinta de lo que es democracia. Cuando la comunicación se convierte en un servicio público, es un instrumento del autoritarismo.
- ¿Es un concepto distinto también de libertad de expresión?
- La libertad de expresión es un elemento que permite o nutre la democracia y lo hemos referido con una frase: sin prensa libre no hay democracia.
- Usted es parte de un colectivo que habla de reformas a la Ley de Comunicación. ¿Abandonaron la idea de la derogatoria?
- No. Desde el comienzo dijimos que hay que derogar la ley. Pero lo que ha hecho el correísmo es aprobar leyes sensibles como leyes orgánicas y es una trampa bien simple: la derogatoria necesita de una mayoría calificada, el 75 % del pleno de la Asamblea. Es difícil de conseguir, pero tiene que ser derogada o, por lo menos, ir quitándole los colmillos. Cuando alguien dice que tiene cosas buenas es como decir que Frankenstein tiene ojos azules. Tiene bellos ojos, pero se comporta como un monstruo.
- ¿Cuál es el marco que debe servir como referencia?
- El concepto es que hay que ajustar el sistema de comunicación a los estándares interamericanos. El presidente electo, por ejemplo, podría pedir una opinión consultiva a la Corte Interamericana. Que pregunte si la ley contraría esos estándares. Cuando un presidente pide una opinión, la Corte tiene la obligación de responder y él recibirá una opinión que no es, digamos, ‘interesada’. Puede ser un gran instrumento. La situación en el país no puede seguir así, se puede agravar mucho más. Las condiciones en las que se hace periodismo no son las mejores.
- ¿Qué expectativa tiene del presidente electo, Lenín Moreno, que habló de posibles reformas, entre ellas a la Supercom?
- Hay que reformar la norma que rige esa entidad. La Supercom funciona como un tribunal especial y, en democracia, no se pueden crear jueces especiales. La ley es regresiva e inconstitucional porque sustrae a los periodistas y las empresas de sus jueces naturales y los somete a jueces que juzgan con criterios subjetivos, con dedicatoria.
- ¿Qué espera, en general, del presidente electo?
- Todo cambio plantea una expectativa. Me parece que en su gobierno va a haber tensión respecto de la política del nuevo gobierno con la comunicación y los periodistas. Tengo la esperanza de que los sectores más cavernarios sean desplazados de los espacios de decisión. Mantenemos una expectativa positiva, aunque los asociados a la Aedep han sufrido agresiones de todo tipo.
- ¿Y del ejercicio periodístico?
- En estos 10 años los periodistas y los medios hemos aprendido muchísimo. Nunca hemos hecho un trabajo perfecto necesariamente. Hemos hecho un trabajo veraz, en el sentido de que nuestros fines y propósitos han sido los mejores. Nunca hemos hecho informes con la intencionalidad de dañar a alguien. Hay que mejorar la calidad del trabajo periodístico sin duda, ser más autocríticos, más rigurosos.