La dictadura del parloteo

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos” (Martin Luther King). Frase que reiterativamente se aplica a la mayoría de nuestra sociedad, a ese que sentado en una mesa de cafetín o en reunión social, sujeto a un vaso de licor, se convierte en “el salvador virtual de la patria” porque no les va aquello de salir a la calle a defender sus ideas y, o convicciones.

Es así como se ceden espacios a favor de las minorías, expertas en hacer barullo y asustar a las autoridades blandengues, reos de sus flaquezas y temores; aquellos que gobiernan pensando en contentar a los revoltosos, en lugar de gobernar a favor del desarrollo, el trabajo, la seguridad, la estabilidad y el progreso.

Luego de los acontecimientos del octubre negro, en el que fuimos invadidos por una bandada de parloteadores que procuran ganar espacios de poder, los cuales por sus desafueros deberían estar sancionados en lugar de revoloteando y armando escándalo a su libre albedrío.

Es hora de desenmascararlos y ubicarlos en su realidad. Esto es, que son puro discurso y nada de efectividad, ya que al igual que los neosocialistas, presentan modelos para un mundo maravilloso, de igualdad y riqueza, pero a la hora de la verdad, su pueblo sigue sumergido en la más profunda de las miserias, mientras la dirigencia disfruta de las mieles del poder.

La falta de pantalones del Gobierno, la complicidad de los administradores de justicia, la inoperancia, negligencia de la asamblea y el silencio de las mayorías ciudadanas son los elementos que se han cohesionado para convertir a la sociedad ecuatoriana en una verdadera selva, sobre todo en lo político. Es intolerable e injustificable que el brazo de la justicia no los alcance, que no les haga pagar los perjuicios causados a la ciudadanía y al país; es imperdonable que la comodidad y quemeimportismo ciudadano permitan que en estos últimos días vivamos bajo el asedio, amenaza y caprichos de la dictadura de los parloteadores de la política ancestral.