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No lo dice la oposicion
La estructura de corrupción que se implementó en el Ecuador durante la “década ganada” no tiene parangón en nuestra historia. No es que antes no se hayan perpetrado actos corruptos. Eso nadie lo va a decir. Pero lo que ha sucedido en estos 10 últimos años rebasa toda imaginación. No en otra forma se explica que las reformas que se hicieron a las leyes hayan tenido por objeto tratar de ocultar a los corruptos. Ahora, el hombre de a pie que creyó a pies juntillas en “las manos limpias, en las mentes lúcidas y en los corazones ardientes” se explica, por ejemplo, por qué se dispuso que los órganos de control, como la Contraloría, debían emitir sus informes después de que se hayan firmado los contratos millonarios para la ejecución de obras que dizque iban a cambiar a la patria, en lugar de hacerlo antes, conforme lo ordenaban las disposiciones legales reformadas. Pero como no hay delito sin delincuente, ni delito perfecto, los mismos integrantes del movimiento que gobernó el país diez años están encargándose de hacer conocer con pelos y señales toda la maraña de esta red de corrupción. No es la oposición, ni el imperialismo yanqui, ni la partidocracia, ni la noche neoliberal los que dan a conocer lo que ha sucedido. Es el presidente Moreno, quien día a día con frases duras, elocuentes, indica la tragedia del país. Dijo no hace mucho: “Da pena ver lo que muchos o pocos han hecho por el Ecuador, los sinvergüenzas que se llevaron la patria”. ¡Más claro no canta un gallo...! La sociedad ecuatoriana está perpleja por todos estos acontecimientos increíbles. Por esta razón, quienes administran justicia están moral y jurídicamente obligados a hacer cumplir la ley, sin miramientos de ninguna clase, demostrando que a la justicia no se le mete la mano cuantas veces se quiera. Hay que respetar al conglomerado social. Hay que respetar a las generaciones jóvenes que se miran en estos espejos de corrupción y les causa asco. Hay que pensar en el futuro del país, que no puede levantarse sobre cloacas sino sobre cimientos de honestidad, de transparencia y de credibilidad.