Desempleo con cara

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Desempleo con cara

Cuando el desempleo sale de la pantalla y hace fila en una feria de trabajo, la fotografía pone cara a una realidad angustiosa, a muchas realidades asfixiantes. Las hojas de vida que se acumulan en páginas web son personas con nombres, necesidades, familias y una desesperación común: conseguir una fuente de ingresos en un país donde escasean las ofertas y prolifera la informalidad.

Ecuador, dicen las estadísticas, es un país de emprendedores. Pero, ¿son emprendedores o son supervivientes? ¿Inician un negocio por una corazonada o salen a vender cualquier producto que les dejen unos dolaritos en sus bolsillos? Sea lo que sea lo que recogen las cifras, hay una larga lista de más de 332.000 personas sin trabajo alguno y en torno a la mitad de los que dicen tener un empleo, lo hacen desde la informalidad.

Es importante pararse a mirar esa fotografía que publicaba el sábado pasado EXPRESO en su portada. Había muchos rostros frescos, jóvenes, recién graduados que no saben dónde depositar sus conocimientos -cada vez más altos- y su ilusión. También adultos a las puertas de la jubilación que necesitan un sustento familiar y completar una larga hoja de vida en activo. El desempleo, por cierto, ha resultado no ser machista, en el sentido de que casi la misma proporción de hombres y de mujeres ansía una oportunidad laboral.

Además de importante, es necesario hacer el ejercicio de conocer la historia detrás de cada nombre que no sabe de dónde sacar recursos para pagar el arriendo, comer, crecer, soñar...

Este es el momento preciso de esa reflexión. Es ahora cuando se habla de ajustes en el presupuesto, cuando se exige un recorte en la masa salarial como si cada decimal en el presupuesto no llevara el nombre de un ecuatoriano. Y es necesario no para dejar de tomar medidas que pongan en orden las cuentas, sino para ser conscientes de lo que se pide, de lo que se planifica y de cómo se aplica.

La economía ecuatoriana no resiste un gasto en sueldos de casi el 9 % del PIB. Pero la sociedad ecuatoriana tampoco resiste en la desesperanza y el desempleo. Las promesas de campaña y los anuncios ilusionantes son los primeros que deberían cumplirse, son innegociables. Como las facturas, no habrá excusa que justifique si se quedan impagas.