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Descubriendo la polvora

A propósito del título del presente artículo, si este cañón funcionara con esa pólvora, ya habría acabado conmigo, reventando el cañón y disparando para el lado contrario: tiros por la culata.

Lo señalado quiere hacer notar lo que parece el descubrimiento del siglo: hay correístas en el gobierno y mientras ellos permanezcan compartiendo la actual administración será imposible cumplir las mayores y mejores promesas del presidente Moreno: cirugía mayor contra la corrupción y recuperación de los capitales sustraídos al erario público. Si tengo razón en lo que advierto la situación es grave.

Y es grave porque la gente, el común de la gente, puede tolerar que no se cree el millón de empleos en el plazo previsto, a todas luces promesa a no cumplirse, o que no se construyan las casas prometidas o la refinería del Pacífico. Todo eso está muy mal, pero puede justificarse con el famoso “no había mesa servida” o “la crisis es mayor de lo que me informaron”.

El porqué no se sanciona la corrupción como es debido y por qué no se ha recuperado un dólar de todo lo robado ya es más difícil de explicar. Más todavía por qué se fugan los pocos sospechosos de haber delinquido, burlándose del grillete y de todos nosotros, durante la más grande sabatina montada por quien las instaló a lo largo de diez años.

No se trata de que ahora es tiempo de cortar cabezas y de rasgarse las vestiduras. Tiempo sí, en cambio, de limpiar la administración de la posibilidad de que surjan nuevos focos purulentos, de que se hagan visibles nuevas pústulas. Cuidado con desencantar abruptamente al pueblo ecuatoriano que hasta hoy ha confiado en que todas esas pestilencias se ausentarían con el viento fresco que se sintió a principios de año y medio, pasadito.

Tampoco se trata de exagerar en las peticiones de resolver en ese periodo todo lo desbarajustado durante una década. Se trata sí de exigir coherencia entre los dichos y los hechos, de modo que con el esfuerzo de todos, la esperanza pase a ser confianza, certidumbre de que la década infame ha quedado sepultada en el basurero de la historia, y desenmascarados y castigados sus autores.