No dejarse guiar por el miedo

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No dejarse guiar por el miedo

Mientras en La Habana Barack Obama predicaba reconciliación con el aplauso de Raúl Castro y de la comunidad mundial, que mayoritariamente apoya la superación de los últimos vestigios de la guerra fría, el terrorismo mostró en Bélgica su cara más fanática, al tiempo que más cobarde y más cruel.

No importa el número de muertos. Dicha macabra contabilidad no es otra cosa que eso y peor, contribuye a robustecer uno de los propósitos mayores de quienes cultivan el terror como instrumento de acción política: sembrar y expandir el miedo.

Una sociedad encogida por el miedo es el terreno más fértil para grupos como el que de inmediato se atribuyó la realización de los atentados. Además, basta un muerto. El terrorismo no es crimen al que se debe juzgar por la magnitud de los destrozos o las vidas con las que acaba. Es la voluntad de imponer a partir del miedo lo que resulta abominable. Por eso, una de las formas de resistirlo es no dejar que el miedo oriente las acciones de respuesta. El ojo por ojo, diente por diente, tiene una larga tradición porque no ha logrado controlar ni al fanatismo, ni al rencor, incluso por paradoja, al miedo, que está detrás de los actos terroristas y que en la práctica, solo es evidencia de ese miedo que han conseguido hacernos sentir. Obviamente, entiendo la posibilidad de buscar venganza en el ánimo de equiparar las acciones negativas; se ha dicho que la venganza es comparable con la justicia pero, no comparto esa visión. Creo que, partiendo de una sentida solidaridad con los familiares de las víctimas es imperativa la coordinación de las labores de inteligencia, sin caer en errores que justificarían a los xenófobos, haciendo que paguen justos por pecadores.

Es imperativo descubrir quién está detrás del financiamiento de las acciones y asumir que cuanto mayor sea el sufrimiento de los migrantes, más dispuestos estarán a integrar redes para el desquite y serán cada vez más crueles sus acciones. Por supuesto, si continúa creciendo la mezcla de creencias religiosas y políticas será imposible lograr resultados satisfactorios.

huertaf@granasa.com.ec