Decisiones Trump
Una decisión del presidente Trump que sorprendió a pesar de la imprevisibilidad que suele acompañarlas, fue la destitución del secretario de Estado Rex Tillerson, sustituido por Mike Pompeo, director de la CIA. “Con Mike tenemos un proceso de pensamiento muy similar y creo que nos va a ir muy bien”, dijo Trump, tras las tensiones con Tillerson respecto de su conducción de la política exterior. Tillerson fue director ejecutivo de la compañía ExxonMobil y se hizo ampliamente conocido por su gira de seis días a comienzos de febrero, visitando países de gobiernos derechistas, como México, Colombia, Perú y Argentina, para “llamar a rechazar el gobierno venezolano de Nicolás Maduro”, lo que constituía un cínico accionar intervencionista en la política interna de Latinoamérica, que hace tiempo se supone dejó de ser su “patio trasero”. Y además, según expresara, para alertar sobre la “creciente” y “alarmante” presencia de China y Rusia; siendo contendores del imperio, en el ámbito comercial, China, y Rusia en una potencial confrontación armada. Su poderío, para suerte de los países del mundo, sobre todo los de Oriente Medio, ha obrado como fuerza disuasiva y neutralizadora ante la agresión permanente de la potencia norteamericana y sus voraces intereses por participar en el disfrute de la riqueza de todos los países del planeta, en los que trata de intervenir tozudamente con los bárbaros resultados que han tenido siempre tales intervenciones. Pero volviendo a las decisiones de Trump, hubo todavía una sorpresa más cuando anunció que Hina Haspel, subdirectora de la CIA, sucedería a Pompeo, siendo la primera mujer que dirige la agencia, lo cual está siendo analizado y debatido aún en el Senado, organismo al que le corresponde confirmarlo u objetarlo. Este asunto se ha tornado difícil en razón de haber sido la Haspel directora de una de las cárceles de la CIA en Tailandia, en tiempos de George W. Bush, donde se denunció que los sospechosos de terrorismo eran sometidos a la bárbara técnica de interrogatorio conocida como “submarino” (ahogamiento simulado), que en su tiempo escandalizó al mundo. ¿Pero qué le pueden importar las piedras lanzadas en su contra a la omnipotente y arbitraria potencia armada de todos los tiempos?