Editorial | Un conflicto que debe ser desactivado
Si esta medida busca presionar a Colombia para obtener respaldo en materia de seguridad, el camino elegido no es el idóneo
El país enfrenta un conflicto arancelario que demanda lucidez y urgencia para desactivarlo. En esta pugna llena de anuncios, Ecuador ha sido el único actor que ha concretado la ejecución de gravar con un 30 % la producción colombiana; el vecino país, aunque ha anunciado un cobro similar, sigue sin hacer oficial esta medida.
Este silencio no debe leerse como una inacción sino como un buen gesto que debe medirse por las consecuencias que acarrea. Si Colombia decide hacer efectivo el arancel, el golpe no caerá sobre estadísticas macro sino sobre cada uno de los hogares. El país vecino no es solo un proveedor clave de materias primas, es la fuente de medicamentos, alimentos y cosméticos de consumo cotidiano cuyo encarecimiento afectaría la vida de cualquier ecuatoriano de a pie.
Si la intención detrás de esta medida es presionar a Colombia para obtener respaldo en materia de seguridad, el camino elegido no es el idóneo. Corresponde al Gobierno trazar las vías que permitan deshacer este conflicto. Reemplazar el mercado colombiano no es una tarea sencilla ni rápida. La cercanía geográfica, la historia compartida y décadas de intercambio han forjado un vínculo comercial que no se sustituye de un momento a otro. Es una relación de años que no puede ser sacrificada por caprichos políticos o tensiones ideológicas.