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Cuento y cuenta de votos
Con el título de este comentario no pretendo demostrar una equidad idiomática de género, de moda en el actual gobierno. Admito que el cuento oral o escrito es un género literario que gusta y atrapa a quienes lo escuchan o leen, sobre todo cuando se cuentan prosaicamente historietas, episodios, se describen personajes, lo cual resulta creíble y atractivo a quienes lo escuchan o leen. Es una modalidad de expresión que permite utilizar la imaginación, fabular ironías, elaborar sofismas, fabricar burlas, sarcasmos, para deleite de oyentes y lectores, que contagiados de una buena dialéctica acoplada a sucesos y personas, también convierten lo imaginario en real, identificándose con lo narrado por el actor o autor. Las fechorías cometidas por el ‘Cuentero de Muisne’ son una muestra de lo atrayente que es el cuento, aunque este sea falso.
El Consejo Nacional Electoral del Ecuador no tiene experticia en contar historias o episodios, pero sí demostró ser muy ágil y experto en contar y recontar votos. No obstante haber sufrido un apagón informático, informó al país con gran rapidez el resultado total de las elecciones del 2 de abril, anticipándose al conteo rápido parcial que había contratado con la Escuela Politécnica Nacional, que mediante un nervioso vocero manifestó que las cifras dadas eran similares a las de ellos. A diferencia del cuento literario, lo que no logró el CNE con sus cuentas hechas a prisa fue atraer ni generar credibilidad en la mayoría de ciudadanos, demostrando su desgaste institucional.
Quien no tuvo la misma rapidez en anunciar cifras del conteo rápido, o el organismo electoral se le adelantó, fue la siempre transparente Participación Ciudadana, que argumentó que sus cuentas arrojaban un empate técnico.
Lo que la ciudadanía se quedó esperando fueron los datos de los miles de voluntarios de CREO, que amenazaron con que tendrían sus propias cuentas del resultado electoral, mesa por mesa, permitiendo que el CNE en reciprocidad no realice el recuento de votos acta por acta. Al final de cuentas hay un presidente electo democráticamente débil.