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Las cuentas del Central

A finales de febrero, los saldos en las facilidades de liquidez del Banco Central (léase “préstamos al Gobierno”) alcanzaban $5.289,3 millones, cifra que a la actualidad está, según me informó una voz autorizada, en los $8.300 millones. La tendencia es inequívoca; son casi $6.000 millones adicionales acumulados desde enero, y la carrera de la liquidez es una pugna de perdedores.
La dolarización está mutando ante nuestros propios ojos frente a los desequilibrios fiscales. El Gobierno empuja la figura del dinero electrónico, pero hasta los especialistas se sorprenden al caer en cuenta de que los saldos de emisión de tal mecanismo suman $7,9 millones que, para ponerlo en su propio contexto, representa el 0,00075 % de los pasivos exigibles, y, para contrastarlo aún más, el 9 % de las monedas fraccionarias que circulan en el país.
No obstante todo el barullo que se ha armado alrededor del tema, el dinero electrónico tiene una aceptación que, al día de hoy, es de dudosa reputación, y no augura días venturosos para cualquier pretendida imposición de su uso.
Entretanto, los intelectuales antidolarizadores ya han lanzado su ensayo sobre el porqué y el cómo emitir una moneda electrónica paralela para “afrontar la crisis”. En resumen, el mecanismo consistiría en un sistema bimonetario de dólares verdes y dólares ecuatorianos, inicialmente en formato electrónico, para luego hacerlo en formato de especie. Para incentivar el uso del “dólar” local, se daría un descuento de cuatro puntos en el IVA a quienes usen la moneda local que, poniéndolo de otra forma, establecerá un recargo de IVA por usar el dólar, cuando todo lo que se requiere es bajar el IVA en cuatro puntos y reducir, concomitantemente, el gasto público, y, ¡zas!, por arte de magia, se empezará a dar un impulso limpio a la economía, sin tener que imponer remedios monetarios disfuncionales que los ecuatorianos no quieren usar.
El taponamiento mental persiste al no admitir que no se puede tener un presupuesto de gastos de $37.000 millones con ingresos de $25.000 millones. El problema no radica en el régimen monetario, sino en el aventurismo fiscal.
El BCE, como lo he dicho hasta la náusea, sigue usando alegremente plata ajena para entregarle recursos de capital al Gobierno, de suerte que este pueda seguir consumiéndolos. Los datos del Central muestran que, a la semana pasada, las reservas internacionales eran de $3.397 millones y los depósitos de los bancos $4.352 millones. Dicho en porcentajes, el 22 % de los depósitos de los clientes de la banca estaban al descubierto, siempre y cuando se incluya el oro dentro del respaldo de la reserva -que lo es, pero no en forma líquida.
Toda vez que dicha posición oro suma $1.188,8 millones, el riesgo “moral” de los depositantes afecta casi a la mitad (48 %) de los valores que corresponden al encaje y a otros depósitos bancarios. Para reducir la brecha tendrá el BCE que ¡volver a prendar el oro!
Cabe pensar: ¿si algún banco privado tuviera los indicadores del Central, cómo habría reaccionado la Súper de Bancos? Estoy seguro de que en el activismo judicial que impera, ya se habrían hecho las denuncias y diligencias contra los perpetradores.