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Crece el caudillaje de mujeres en bandas

Robo. En agosto, tres mujeres fueron detenidas por robo en Sangolquí.

Ahora, también son cabecillas de organizaciones delincuenciales. Las mujeres tienen una participación, cada vez mayor, en niveles de coordinación de bandas criminales, lo que preocupa a las autoridades.

En apenas 48 horas (entre miércoles y jueves), la Policía desarticuló siete grupos delictivos. Dentro de los apresados, cayeron 13 mujeres involucradas en asociación ilícita, robo a domicilios y a personas. En el caso ‘Amanecer II’ una mujer era parte del caudillismo.

Hasta hace poco, la mayoría de féminas participaba solo en robo a personas. Pero ellas también han ‘diversificado’ su tarea en el hampa.

“Estamos viendo su presencia en estructuras violentas que están vinculadas a homicidios, asesinatos, sicariato, microtráfico. No solo en el expendio, sino la distribución”, dijo a EXPRESO José Serrano, ministro del Interior.

En 2015, según las cifras oficiales, el delito más recurrente en las mujeres tenía relación con el tráfico de drogas. Por ese ilícito, 656 mujeres o el 40,3 % de la población carcelaria cumplieron condena. Por robo fueron detenidas 239; por asesinato 153; por asociación ilícita 97, y 96 por tratar de ingresar objetos prohibidos a las cárceles.

El ministro cree que es necesario analizar la problemática. En su momento, dijo, pedirá autorización a los jueces y fiscales para hacer trabajo conjunto con algunos de los ministerios del sector social.

¿El objetivo? Descubrir cuáles son los patrones, los casos, las causas por las que hay una mayor participación de las mujeres en la delincuencia y determinar cuáles son los sectores más afectados.

Según Serrano, el tema se tiene que explicar desde un punto de vista más sociológico y criminalístico. De eso dependerá la política pública.

Ernesto Pazmiño, defensor público, apunta a una hipótesis: la falta de oportunidades para superar condiciones de pobreza. Es muy probable, explica, que participar en un delito de ‘alto impacto social’ represente mayores ingresos, que actividades lícitas.

“Cada vez más mujeres se convierten en jefas de hogar y, ante la falta de trabajo y mejores oportunidades, se ven obligadas a intervenir en procesos delictivos”, dice el abogado.

Natalia Sierra, socióloga y docente de la Universidad Católica del Ecuador, reconoce que la aparición de las mujeres en niveles dirigenciales de delincuencia organizada es, efectivamente, nueva.

Ella y Pazmiño arriesgan otra posible explicación. La mujer, en todos los ámbitos, ha salido a buscar espacios en la estructura masculina.

“¿Por qué si ocupa cargos altos políticos, por qué no en estructuras criminales?”, se preguntan.

Aunque Sierra advierte que, desde cualquier enfoque, está mal la relación delincuencial.

No hay por qué asombrarse complementa Pazmiño. “Así como hay mujeres presidentas, hay mujeres delincuentes”.

Daniel Pontón, catedrático del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) y experto en temas de seguridad, explica que también hay que considerar la dinámica interna de las organizaciones: son complejas y hay una división social marcada.

También hay mecanismos de “ascensos” y, a veces, tiende a ser como un trabajo heredado y de aprendizaje.

Sierra añade que las organizaciones delincuenciales no se diferencian tampoco de otras estructuras como las de las empresas.