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Un corte necesario
Cuando por la novelería que usualmente suele atacar a nuestro ministerio, saltamos de un año lectivo dividido en trimestres a uno que se afianzaba en dos quinquemestres, tuvimos nuestro recelo pero nos dispusimos a experimentar.
Posiblemente en la sierra, por su clima más benigno y grato, esta nueva distribución del año escolar no afectó tanto, más allá de que el sueño usual de la región, de conectarse con el calendario de las universidades del norte, se sellaba definitivamente.
Sin embargo, en la costa la suerte fue distinta, el quinquemestre pesó, crispó y cansó a profesores y alumnos. Obviamente quienes introdujeron la modalidad lo hicieron de espaldas a la nueva realidad del aula: un mundo en ocasiones agitado, demandante, exigente más que en lo académico, en lo emocional y afectivo. Maestros y discípulos se cansan y agobian.
Lo ideal, al menos para la región, sería volver al trimestre; mas es indiscutible que ese refrescamiento que se ha introducido en la mitad del quinquemestre ayuda a oxigenar la mente del profesor, lo descansa en el peso de la carga emocional que hoy lleva y lo reanima para continuar.
En el alumno igual; el corte alivia. Esta vacación le permite descansar y desconectarse de la presión académica y de los retos que para él -también- significa un lapso tan amplio como el quinquemestre. Nuestro clima, nuestra realidad de aula, el número de estudiantes por ella, la competencia entre pares y los nuevos temperamentos y caracteres, más las disfuncionalidades de algunos que se conjugan en la clase, requieren de un descanso renovador.
Bien por la medida que apoya y ayuda también a las instituciones, pues en ellas algo se aprovecha para esos mantenimientos ligeros que debe hacerse en la infraestructura e inmobiliario luego del paso de los grupos estudiantiles.
Es de esperar que el Ministerio siga realizando estos cambios puntuales que ayudan a hacer más viable, como amable, el proceso de enseñar y aprender. Es verdad que el cambio es de forma, por ello, también esperamos que se enfrente a aquellos otros que van al fondo mismo del hecho educativo.