Actualidad
Cortasoles, aliados de la arquitectura sustentable
La sociedad reclama un modelo de crecimiento sostenible en el que el respeto al medioambiente y el bienestar de las personas sea un hecho.

La sociedad reclama un modelo de crecimiento sostenible en el que el respeto al medioambiente y el bienestar de las personas sea un hecho. Una vez puesto el foco sobre la inocultable gravedad del cambio climático, ha llegado la hora de hallar modos de vivir con menos consumo de energía y menos aporte al calentamiento de la atmósfera. Hacer edificios energéticamente eficientes, va en esa dirección y las ciudades del Ecuador no se han quedado al margen de esta corriente.
Situémonos por ejemplo en Guayaquil, donde los cortasoles o persianas exteriores están cada vez más presentes en las edificaciones. No se engañe, no se trata de simples adornos de fachadas. Son una muestra de que aquí también se busca bajar el uso de equipos de acondicionador de aire, aparatos que, junto con las fábricas y automóviles, son los que más aportan al calentamiento global.
También llamados louvers (persianas), estos son tableros que, por sus características, se convierten en elementos arquitectónicos ideales para construcciones con requerimientos específicos sobre ventilación, iluminación, diseño o ahorro de energía. Los entendidos estiman que el uso de ellos en fachadas ventiladas favorecen un ahorro energético entre el 5 y el 10 % y una reducción de la contaminación acústica que puede llegar al 20 %.
Ni siquiera quienes promueven técnicas constructivas y materiales ecoamigables están en contra de estas rejillas hechas especialmente de aluminio anodizado o esmaltado.
“Minimiza el impacto solar dentro de una edificación, por lo tanto reduce el uso de aparatos de refrigeración”, dice Robinson Vega, director de la Unidad de Investigación de Ecomateriales de la Universidad Católica de Guayaquil.
“En Guayaquil están de moda los edificios de vidrio, algo completamente irracional, pues gastan una cantidad muy grande de energía para poder refrescar o acondicionar esos ambientes”, acota este arquitecto nacido en Machala. “Aquí son ideales los quiebrasoles”.
El diseño de los louvers permite que estos se acomoden con facilidad en las aberturas hechas en una gran variedad de revestimientos exteriores de fachadas en construcciones como edificios de paredes delgadas, muros de cortina y muros de acero estructural o de mampostería.
Carlos Vergara, experto en estructuras de vidrio y aluminio, recuerda que si bien estas celosías están de moda en edificios bancarios y de grandes empresas, también las están instalando en residencias, “porque además, son una cosa muy llamativa visualmente”.
Muchos guayaquileños se suelen preguntar qué es lo que hay dentro de estas paredes de rejillas metálicas que cubren algunas secciones de hospitales, centros comerciales y otros grandes recintos. En muchos casos se trata de plantas eléctricas o equipos industriales y máquinas de otra índole que generan mucho calor y cuyos vapores calientes salen fácilmente por las rejillas.
Existen quiebrasoles con distintos tipos de aletas (drenables y no drenables), de tipo fijas y ajustables, colocadas en diferentes ángulos y con marcos estructurales de forma variada (perfil acanalado, en L y otras), y de varios anchos, para ajustarse a las necesidades de cualquier sistema.
El arquitecto Víctor Chóez piensa que estos elementos arquitectónicos podrían servir también como barreras de seguridad para los inmuebles. Observa que en nuestras ciudades hay muchas viviendas con mallas electrosoldadas incluso en la parte superior de todo su perímetro, “con lo cual se rompen todos los esquemas tradicionales de diseño”. De ahí que propone como alternativas los louvers o hacer cerramiento de plantas con espinas o puntas.
¿Es costoso instalar o tener una fachada con quiebrasoles?
Vergara dice que el costo de este elemento no incide mucho en el costo total de la construcción de la fachada o la remodelación de esta. El arquitecto Vega, en cambio, dice que sí es una inversión inicial cara, “pero prorrateadamente con lo que va a gastar el edificio en toda su vida en energía, vale la pena”.
En lo que sí están totalmente de acuerdo es de que se trata de un bien sustentable.
Películas antisolares, techos de policarbonato, toldas...
En Guayaquil fueron muy tradicionales el soportal o portal, que eran una forma de ayudar al peatón a tener sombra. Hoy los quiebrasoles cumplen parte de esa función, indica el arquitecto y urbanista Mauro Pérez, quien recuerda que por nuestro clima cálido, soleado durante 9 y hasta 10 meses del año, estos elementos son hoy “parte del movimiento de diseño arquitectural que hay en Guayaquil”.
Pérez, un profesional partícipe del proceso de la regeneración urbana local, indica que otras opciones contra el calor y la luminosidad son los plafones (cara inferior de un cuerpo voladizo como la cornisa o el alero) y las películas antisolares.
El uso de viseras o volados de policarbonato, así como de toldas o lonas extendibles, están de moda a nivel residencial. En el primer caso se trata de un resina plástica de gran resistencia y dureza mecánica que hasta hace poco se empleaba en electrónica y aeronáutica.
Estas cubiertas son translúcidas (dejan pasar la luz total o parcialmente), pero cubren eficazmente de las lluvias.