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El coronavirus desintegra las familias

Hay casos dramáticos de personas que pierden varios miembros de sus familias por el virus.

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Los esfuerzos por contrarrestar al COVID-19 no cesan. CHINA-HEALTH-VIRUSNOEL CELIS

Tiene una foto hermosa colgada en su portada de Facebook: 23 personas, todas sonrientes. Niños, niñas, padre, madre, esposo, hijos. Hoy, de esa foto, ya no están cuatro, ni su esposo, ni su padre, ni su madre, ni uno de sus hermanos. Descasan en paz, menos ella, que aún lucha por sobrellevar la tragedia que le ha dejado el coronavirus.

Su foto de perfil de la misma red social, donde se ha dejado de contar ya las alegrías de salir y compartir, comer o beber, hay otra foto tan bonita como la de la portada. Están los cuatro, sus dos hijas, su esposo y un hermoso perrito.

Al vida del cambió con el esta pandemia, ha recorrido hospitales, cementerios y hasta ayer buscaba una medicina para ella, Hidroxicloroquina y Azitromicina, que tampoco las podía conseguir.

“Mi amor, no te imaginas la falta que ya me haces y solo ha pasado un día y medio de tu partida a la eternidad. Te amo, te extraño y quedó paralizada con sólo recordar todo lo pasamos en tus últimas horas”. Son palabras que no le pudo decir a quien fue su compañero durante 19 años.

Dramas como este son el pan de cada día en las familias guayaquileñas, lo es para una joven, a quien el maldito virus le arrebató a su padre y abuelos, y que la tiene enferma a ella y a su hermano.

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Hoy su madre sufre y busca ayuda para conseguir $ 1.500 que permitan un tratamiento para sus hijos en alguna parte de la Costa. Y mientras los días pasan, la angustia aumenta, tanto como las condolencias de amigas y los compañeros de colegio, quienes le han ofrecido el remanente de un fondo que quedó de la fiesta de graduación de los chicos.

Pero no son muchos los que cuentan sus dramas por redes sociales, lo contrario, la naturaleza del ser humano es ocultar sus desgracias, por eso cada día en ciudades como Guayaquil y en los pueblos más pequeños como Jujan o Mariscal Sucre las historias se riegan por llamadas o mensajes de WhatsApp. Lo que todos saben es que muchos funcionarios públicos están muy expuestos al virus, por eso, algunos se aíslan voluntariamente contraídos por el dolor y el miedo.

Lo hizo la doctora que atendió a una paciente que ya murió, que lloró toda la noche y que no puedo siquiera contestar los mensajes de los amigos.

El temor se encierra en cuatro paredes. Los amigos y familiares de Zaida, Santiago, Freddy, Adolfo o Eloy se han preocupado, y no es para menos. Podrían estar contagiados.