Consensos en educacion superior
La semana que acaba de transcurrir registró avances importantes en la demanda de las universidades del país, tanto públicas como privadas, con la finalidad de lograr reformas en la Ley Orgánica de Educación Superior. Ante la lentitud del proceso en la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, se realizó un consenso entre las instituciones de educación superior y los órganos responsables, Senescyt, CES y Ceaaces. Es loable la preocupación y gestión de Augusto Barrera, secretario de Senescyt, por reunir a los actores de la educación y lograr un acuerdo básico sobre las reformas, como el reconocimiento de la diversidad de las universidades. Esto generó el paso de un modelo de educación superior reglamentarista y sancionador a uno más libre y dinámico, acorde con los cambios en la docencia y en la investigación. Reforma, que hasta hace pocos meses era imposible de alcanzar.
Resulta frustrante comprobar que mientras en España, una serie “disruptiva” sobre la enseñanza de la filosofía en un instituto, la del peripatético profesor Merlí Bergeron, que va de Platón a Zizek, alcanza los primeros lugares de sintonía gracias a su imaginación, humor, y sobre todo sentido común, aquí se siga insistiendo en interminables requisitos y constataciones de información que transforman a la cátedra en un suplicio. O que hacen de la dirección de la universidad un verdadero ejercicio de esgrima con informes, actualización de reglamentos y procedimientos. No es extraño por ello que una universidad extranjera ofrezca múltiples posgrados en el país y gradúe a sus alumnos con pompa, mientras que las universidades locales tienen un promedio de cinco meses para aprobar los suyos.
El consenso logrado gracias a la buena voluntad de los rectores y a la apertura de Augusto Barrera y de los presidentes del CES, Catalina Vélez, y del Ceaaces, Gabriel Galarza, debe concretarse en pocos días y entregarse a la Asamblea. Que ese espíritu de levedad y de flexibilidad anime los debates y no retrocedamos al siglo XX.