Condecorando la corrupcion

amo la solidaridad como virtud y aplaudo su práctica, pero me repugna cuando se la manipula para, a su nombre, fomentar la impunidad. Más todavía cuando se pretende utilizar el argumento de que lo que ocurre es una manifestación de “judicialización de la política” y quien lo esgrime es el campeón nacional de ese comportamiento.

Mal andamos. El ejemplo para las nuevas generaciones es que muchas de las actuales dan asco y peor todavía cuando prostituyendo una doctrina que se fundamenta en el amor al prójimo y en que la verdad os hará libres, se permiten autodenominarse cristianos. Mal andamos. No se puede condecorar la corrupción intentando convertir en perseguidos políticos a quienes saqueron a su país y de ello hay evidencia, “en vivo y en directo”, en la puerta de un convento o en las oficinas donde se contaban los dólares o en las cuentas de los herederos y los cómplices.

Mal andamos. Es impúdico intervenir, ofendiendo a Manuela Sáenz, en el vergonzoso campeonato de rabos de paja que ahora se escenifica en América Latina, poniéndose de parte de quien, si es que profesa alguna, pertenece al bando que dice proclamar la denominada doctrina del socialismo del siglo XXI como mecanismo de asalto a las libertades y a los fondos públicos, en nombre de un proyecto que se atreve a manosear la memoria de Bolívar y, entre nosotros, la de Alfaro.

Mal andamos. El degradado sentido de lo que significa hacer política, ser político, ha dado paso a un aventurerismo rampante que, en el mejor de los casos, pretende combatir los males del presente con la promesa de volver a un pasado reciente, que es el que dio lugar a la emergencia de lo que ahora se repudia.

Por supuesto, la esperanza de que todo se resuelva a partir del próximo proceso electoral es otra muestra del simplismo comodón con que se observa el destino nacional. Una vez más cabe advertirlo, sin pesimismo y sin temores, que no guardo razones para tenerlos: no soltarán su presa fácilmente los que así consideran el ejercicio del poder, menos todavía cuando conocen de las tribulaciones a que se verán sometidos al perderlo.

P.D. A la memoria de Shimon Peres

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