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Aunque para muchos de la oposición ya se tenía la certeza de que el binomio Moreno-Glas sería el triunfador de la contienda electoral debido a la integración tan “verde” del CNE, que se completaba con el compadrazgo de los que sabemos, con la segunda y definitiva declaración hecha por J. P. Pozo luego del recuento de un porcentaje de votos realizado el martes 18, ya no quedaba duda alguna de que Lenín nos iba a gobernar los próximos 4 años, salvo que se porte inconsecuente con AP y esto obligue a la “muerte cruzada”, que ya ha sido anunciada como una amenazante posibilidad por quien dejará Carondelet el 24 de mayo.

Así las cosas, el banquero-candidato, a quien el oficialismo le ha refregado constantemente su condición de tal durante la campaña, ya que ese oficio parece ser una mancha luego del “feriado bancario”, tendrá que resignarse a dejar sus propósitos ya demostrados desde hace 8 años y con una paciencia oriental esperar la nueva convocatoria a elecciones para entonces sí, de ser favorable la suerte, sin maniobras como las de ahora, poder exclamar la frase que dice que “a la tercera va la vencida”. La misma frase que pudieron decir Rodrigo Borja y Sixto Durán Ballén cuando al fin lograron “llegar a dama”. ¿Si ellos pudieron, por qué no podré yo?, se dirá a sí mismo el derrotado de hoy que espera ser el triunfante de mañana, sobre todo si en esa futura vez el organismo electoral se integra de manera no tan parcializada.

A Lenín, que es un buen contador de chistes y a lo mejor hasta de cachos muy colorados, y que resultó, además, ser guitarrero y cantante, como para invitarlo siempre a una reunión de “amigotes”, le toca indudablemente una muy dura tarea que cumplir, por hacerse cargo de un país extremadamente “chiro” por culpa de la baja del precio del petrolero, los préstamos que hay que pagar, sobre todo a los chinos y hasta a instituciones propias como el Bancentral y el IESS, con un aparato estatal excesivamente inflado con burócratas a los que hay que pagar puntualmente. Tendrá que hacer, pues, milagros para no quedar como moroso, sin olvidar que tiene que cumplir su promesa de crear un millón de empleos y de construir no sé cuántas viviendas a lo largo del país.

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