Celebración. El defensor de Barcelona, Xavier Arreaga (3) se arrodilla en el gramado del estadio Nilton Santos luego de la victoria por 0-2. El zaguero tuvo un revés en el choque anterior tras provocar un penal, ayer fue figura.

Un clasificado tiene el Ecuador

Una fiesta en simultáneo. En Río de Janeiro el plantel era pura algarabía y en Guayaquil, el presidente del club, José Francisco Cevallos, dejaba el saco para rodearse de los suyos y vivir la victoria de Barcelona como un hincha más en el Centro de Con

Una fiesta en simultáneo. En Río de Janeiro el plantel era pura algarabía y en Guayaquil, el presidente del club, José Francisco Cevallos, dejaba el saco para rodearse de los suyos y vivir la victoria de Barcelona como un hincha más en el Centro de Convenciones.

Se bajó el telón de la sesión solemne del club por los 92 años y la celebración se trasladó a la explanada del recinto. Cientos de barcelonistas se juntaron con la esperanza de ver al Ídolo del Astillero ganar en suelo brasileño tras casi 31 años (2-1, 15 de julio de 1986 contra el Bangú).

Se acomodaban y las cábalas relucían. Esos que se persignaban, los que besaban a su pareja y no dejaban de mover las piernas, y por su puesto, aquellos que decoran su regazo con crucifijos del color del campeón nacional: amarillo, negro y rojo.

Pero la multitud se sintió especial cuando Cevallos, quien tenía programado irse a sentar en una grada solo para la dirigencia, agarró una silla plástica y se puso la piel de hincha.

Conversaba con sus vecinos, llevaba sus manos a la cabeza cuando no se cerraba una jugada de forma positiva y también se restregaba el rostro cuando Botafogo intentaba amenazar a su equipo.

Pero ayer lo de Barcelona fue espectacular. Dejó humillado a Botafogo y, con un equipo mermado, sacó esa casta que tanto lo caracterizó en la época dorada de los 90. Internacionalmente, este equipo resucitó.

Cuando José Ayoví convirtió el primer gol, Cevallos experimentó un festejo como en la general. Todos se balancearon hacia el presidente, le pidieron fotos, él no se negó aunque una que otra vez el guardaespaldas pedía cordura a los hinchas que interrumpían mientras veía el choque. El segundo tanto fue una explosión de emociones.

La pasión torera se unificaba con un “Poropopó poropopó el Barce sale este año campeón”. Los ayer visitantes no solo ganaban, interpretaban el partido a la perfección y dejaban a los hinchas del ‘Fogao’ con caras largas. Sin respuestas.

Cevallos aplaudía y gritaba “¡Vamos!” cuando Darío Aimar y Tito Valencia salvaron in extremis arremetidas de los brasileños, o cuando Máximo Banguera se estiraba. Pero la sonrisa dibujada en su cara era el reflejo de su gente. Todos felices, orgullosos, entusiasmados, porque esto no solo significa pasar de ronda, este club ya tiene encendido el motor y demuestra que puede cruzar cualquier carretera.

El ‘grupo de la muerte’ mató a todos menos a los toreros y ahora el hincha sueña alto: ¿otra final? Ya nada es imposible para este Barcelona.

92 años que serán inolvidables

El día arrancó con el polémico busto de Isidro Romero con errores ortográficos (3), luego la sesión solemne premió a glorias y trabajadores del club (2), pero el postre llegó con la victoria 0-2 en Brasil (1). Fiesta redonda.