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Ciudades despues de Habitat III

Las ciudades no son aglomeraciones demográficas. Deben ser sociedades y urbes humanas incluyentes, con una activa vida democrática. Pero llegan a ser tales, si sus estados y gobiernos lo son. Para esto es preciso crear relaciones sociopolíticas de libertad, respeto a la diversidad, opiniones críticas, etc. Esto constituye un aspecto fundamental que define el perfil del presente.

Para América Latina y el Ecuador este no es un planteamiento, aspiración u objetivo a realizarse a futuro, es un requisito y paso necesario para poder ser, vivir, reproducirse y constituirse como una sociedad urbana incluyente y sustentable. Pero, asimismo, esto requiere que los gobiernos sean real y efectivamente democráticos. También se precisa que sus ciudades sepan que elegir autoridades no es solo depositar el voto el día de las elecciones y luego permanecer indiferentes. No es dar cheques en blanco a los elegidos. Implica que los ciudadanos tengan una vigilancia crítica permanente. Y, fundamentalmente, que exijan fiscalizaciones y que las acciones de sus representantes sean transparentes, éticamente verificables y honestas.

Luego de evidentes enriquecimientos, ilícitos y descarados hechos de corrupción, es necesario que la vida urbana de las sociedades se empeñe en tener y exigir gobiernos responsables y sin vínculos con actos de corrupción. Además, que sean respetuosos de los derechos sociales, humanos, sociopolíticos y democráticos. Pero sobre todo, que sean honrados y pulcros en los manejos de los fondos públicos.

Una vez concluido el encuentro mundial Hábitat III que se efectuó en Quito el mes anterior, es necesario meditar sobre sus conclusiones y recomendaciones. Más allá de estas, para que la vida urbana sea efectivamente válida, democrática y sustentable, sus integrantes deben comprender que “vivir en ciudad” es más que un hecho moderno. Constituye una tarea de respetar, conservar y proteger el entorno natural, humano, social, político, cultural, etc. Entender que las nuevas urbes de hoy demandan ciudadanos responsables que vayan más allá de ser solo habitantes. Demanda actores sociales, antes que pasivos moradores; personas que asumen y cumplen deberes y derechos para hacer ciudades incluyentes, ecológicas y efectivamente democráticas. Ese es el compromiso ciudadano de hoy.