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Cine y heterotopia feliz en Guayaquil
El término heterotopía, del griego “heteros” diferente y “topos” lugar, fue acuñado por el filósofo francés Michel Foucault para designar a aquellos lugares no tradicionales desde dónde abordar los estudios urbanos. Se refería Foucault a la imposibilidad de que hubiera sociedades sin utopías, pero tampoco sin esos lugares heterotópicos, como los jardines, los parques, los teatros, los cines, etc., dentro de las llamadas “heterotopías felices”, y los cementerios, los manicomios, las cárceles, los asilos, los prostíbulos, etc., dentro de las que denominó “heterotopías crónicas”.
En la actualidad hay estudios que, desde estos postulados, abordan a las ciudades desde estos lugares “diferentes”, como alternativa a los espacios de sociabilidad tradicionales. En nuestro medio son limitados los trabajos que se refieran a las heterotopías, tanto a las “felices” como a las “crónicas”. Destacaría algunas breves páginas escritas por nuestros cronistas tradicionales, desde Modesto Chávez Franco hasta Rodolfo Pérez Pimentel, y otros estudios de mayor alcance, como, por ejemplo, el trabajo de Mariana Landázuri sobre el hospital psiquiátrico de San Lázaro de Quito, entre otros.
La Municipalidad de Guayaquil acaba de culminar la publicación del libro Cine mudo. Ciudad parlante. Historia del cine guayaquileño, del crítico de cine local Jorge Suárez Ramírez. En dos extensos tomos -el primero que abarca de 1896 a 1925 y el segundo, entre 1926 y 1933- ampliamente ilustrados y minuciosamente sustentados, Jorge Suárez aborda la historia e interpretación del surgimiento del cine en Guayaquil entre 1896 y 1933, que en realidad se convierte en un pretexto para analizar a la propia sociedad ecuatoriana y guayaquileña de esos años. Si alguien podía hacer ese estudio, es el autor de esta obra, quien desarrolla una metódica recopilación histórica y una particular crónica de una ciudad que dejaba atrás su pasado colonial con el Gran Incendio de octubre de 1896 y que fruto de la bonanza por la exportación cacaotera en las dos primeras décadas del siglo XX, se abría a la modernidad.
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