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Cientos de razones para el peregrinaje

Las calles del norte de Guayaquil fueron testigos inmóviles de una nueva procesión de la iglesia Nuestra Señora de la Alborada.
El peregrinaje que rememora el periplo que Jesucristo recorrió cargando la cruz en que moriría, es una de las tradiciones más arraigadas del catolicismo.
A la caminata concurrieron cientos de feligreses, cada uno con una historia distinta y una razón para estar ahí. En medio del gentío se alzaba una enorme imagen de Cristo, como símbolo de la fe de la comunidad, una comunidad que se caracteriza por su unión.
El recorrido fue resguardado por siete oficiales de Policía, que se encontraban apostados estratégicamente, a fin de garantizar la seguridad de los ciudadanos que se movían en un solo grupo de no menos de 15 metros de longitud.
“Ha sido una procesión maravillosa, todos los años venimos, hay mucha gente”, exclamó Margarita Guerrero, moradora de la Alborada y que participó de la procesión en compañía de su esposo, Washington Rugel, desde hace más de una década, según afirma. “Venimos con fe y con la fe se consigue todo, ojalá haga cambiar el destino de nuestro país, algo que tanto necesitamos”, dijo Rugel.
Conforme los creyentes avanzaban, 4 unidades de la Autoridad de Tránsito Municipal (ATM) se encargaban de bloquear el acceso vehicular únicamente en la cuadra transitada, a fin de evitar embotellamientos, así lo explicó el mayor de la ATM, Manuel Chávez, quien agregó que además se desplegó a 16 efectivos pedestres y a 4 ciclistas.
Por doquier se encontraban fotografías de familiares, rosarios y velas; los más precavidos portaban agua embotellada y bocadillos de sal y dulce.
En cada estación, el párroco de la iglesia, Jaime Cedeño Amador, retomaba su sermón, en medio de cánticos y alabanzas entonadas por los asistentes.
El Benemérito Cuerpo de Bomberos también se hizo presente en este evento, con una motobomba que periódicamente lanzaba agua a los fieles con el objetivo de contrarrestar una posible deshidratación por el calor.
“Tenemos una unidad de combate, un alfa con su respectiva tripulación de paramédico y conductor, y 9 voluntarios al servicio de la comunidad”, señaló a EXPRESO el suboficial Víctor Montesdeoca, mientras observaba con agudeza al grupo de penitentes en busca de alguna anomalía. DEMO