Cicatrices de aqui al lado

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Cicatrices de aqui al lado

Es sábado, y en las primeras frases al referirse a los grupos rebeldes provoca un nudo en el corazón de la oyente. “La vida para la guerrilla no es fácil como se cree. En el ELN (Ejército de Liberación Nacional) no solo se puede perder la vida a manos

Cicatrices de aquí al lado

Camina con su bastón por el sendero que conduce al cañón donde está el santuario de Nuestra Señora del Rosario de las Lajas, en Ipiales - Colombia.

Se identifica como una persona de 80 años que nació en Quindío, el mismo departamento donde dos de los jefes de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ‘Tiro Fijo’ y ‘Timochenko’, vieron por primera vez la luz de la vida.

No da su nombre, pero ella sabe que habla con Diario EXPRESO, un medio de Guayaquil- Ecuador que desde el jueves regó el mensaje en las tiendas, entre los taxistas y vendedores ambulantes de que se quiere hablar con alguien de la guerrilla.

Es sábado, y en las primeras frases al referirse a los grupos rebeldes provoca un nudo en el corazón de la oyente. “La vida para la guerrilla no es fácil como se cree. En el ELN (Ejército de Liberación Nacional) no solo se puede perder la vida a manos del Ejército oficial o de los paramilitares. Hay placeres que también matan. Una persona con herpes, gonorrea o sífilis es fusilada para evitar que la enfermedad se propague”.

En la guerrilla no hay amigos, solo camaradas. Así, cuando toca dar la resolución de la pena capital por enfermedad o desobediencia no tiembla la mano en el arma y la bala sale con la velocidad que se requiere y que se ordena.

Cerca a la anciana caminan decenas de ecuatorianos que suelen ir a Colombia para hacer compras y turismo. Solo el microcomercio legal en Ipiales mueve alrededor de 9,6 millones de dólares al mes.

Pero el éxtasis comercial de la frontera no opaca el dolor causado por las guerrillas. Una tristeza provocada por los secuestros de adolescentes. Y en efecto, días atrás un chofer se refería a ello: “Colombia llora por esos niños obligados a ser guerrilleros”. Unas lágrimas que también han tocado los rostros de los padres de Ecuador. En la frontera a veces se tomaron a chicos ecuatorianos, pero entonces el presidente de la comuna iba con la partida de nacimiento y el grupo armado lo entregaba por no ser colombiano. Pero, ese trámite podía llevar días o hasta meses.

El diálogo con la anciana se da en un escenario de película. Impresiona el paisaje con sus montañas, la cascada y el verdor. Ella camina venciendo los años y su frágil cuerpo, pero con una firmeza como si sus pies tuvieran la experiencia de andar por terrenos agrestes. Hasta ofrece su bastón a su interlocutora, con 34 años menos que ella, para que pueda sortear un tramo del camino que no está empedrado, el lodo amenaza con un resbalón.

Y ya que la vía enloda los zapatos se aprovecha para preguntar más detalles de la vida al interior de la guerrilla.

En plena selva tienen televisores de 32 pulgadas, refrigeradoras, Internet y televisión pagada. Los campamentos se ubican cerca de masas de agua. Juegan fútbol, pero siempre con las botas puestas. ¿Cómo se solventan? El gasto para la comida, por día, es de más de $ 5 por hombre y entonces el dinero sale de los narcos y de lo que se toma en la carretera. Una ‘recolección’ que también tiene sus cicatrices. Un taxista, que por 30 años manejó tráileres dice que en el camino eran detenidos y si llevaban sacos de papa, por ejemplo, debían ‘donar’ el número pedido. Al hacerlo recibían un tique que permitía seguir el recorrido sin tener que volver a pagar el ‘peaje’ a la guerrilla de esa agrupación. El problema era si en el camino era otro tipo de grupo el que aparecía; o, lo que era peor, que sean los paramilitares, quienes castigan cualquier tipo de apoyo a los rebeldes.

La anciana habla de más de 50 años de pelea sin los logros que se aspiró. “La ideología se embolotó en el camino. El resultado es dolor”. Las cifras destilan llanto y sangre. Son más de 220.000 muertes, lo que marca cicatrices más profundas que los surcos que están en la piel de una mujer que es muy ilustrada o vivió lo que relata. Entre las lágrimas de Colombia están unos 7.000 menores de edad reclutados por la guerrilla. Como dice el taxista: “para vivir el amén no podía apartarse de la punta de la lengua”. Son casi 79.000 desaparecidos desde 1938. Los secuestros y los asesinatos del día a día generaron una vida encrespada por el pánico. Lo que llevó a unos 6 millones a desplazarse.

Ella dice que es la hora de la paz, pero para ello hay que asegurar trabajo para los guerrilleros. “Si entregan las armas sin un acuerdo, quién les dará trabajo y dónde vivirán”, cuestiona.

Ya próxima a terminar de bajar la montaña aparece el fotógrafo. En el intento de que venga, en un abrir y cerrar de ojo la anciana y su bastón no dejan ni el polvo.