Los catastroficos anuncios del FMI

El FMI no tiene injerencia alguna en la economía nacional. Sus recetas han recibido el repudio de muchos técnicos y del pueblo del Ecuador porque siempre han significado imposición de duras medidas de ajuste, que han recaído más gravemente sobre los menos favorecidos, sin resultados positivos. El Gobierno actual ha mantenido una actitud distante con este organismo, aunque hay quienes claman porque se vuelva a contar con sus consejos en la recuperación económica y en la apertura a los capitales internacionales para el financiamiento de la economía ecuatoriana, que sufre una etapa de pronóstico reservado. Mientras que el FMI ha señalado que la economía decrecería en un 4,5 % en 2016, el Banco Central ha manifestado que crecería en apenas un 0,3 %. Ambas apreciaciones son preocupantes. Estamos frente a un severo problema económico y esto obliga a enmendar errores y adoptar medidas que no sean solo la imposición de nuevos tributos. O mejor, como dicen representantes de entes que tienen que ver con la realidad económica del país, que en vez de impuestos se piense en otro tipo de medidas y, sobre todo, se mantenga una muy austera postura en cuanto al gasto público que, como bien se ha expresado, no es inversión sino algo que suena a despilfarro. Y lo que se recomienda al sector público también debería regir para el privado (especialmente en lo que tiene que ver con los asalariados), en el cual debe mantenerse una actitud circunspecta para evitar que los sueldos escaseen al final del mes. Todos deberíamos contribuir de algún modo para hacer llevadera la situación, pero principalmente el Gobierno. Debido al modelo económico que ha impuesto al país, maneja o, al menos controla, todos los procesos de carácter económico y ese manejo ha caído en una grave circunstancia por la baja del precio del petróleo, la apreciación del dólar y las medidas equivocadas que ha puesto en marcha. Lamentablemente, este Gobierno no conoce la palabra rectificación y supone que está dotado de una infalibilidad que no posee ni el papa cuando habla ex cátedra, definiendo cuestiones de dogma o moral. No hay ser humano infalible y los hechos demuestran que si hay alguien que crea serlo, las consecuencias de esa soberbia serían muy graves, con desastrosos efectos para el pueblo ecuatoriano que ya ha empezado a padecerlas.

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